Kyle Tucker atraviesa un tramo incómodo en Los Ángeles. El jardinero, cuatro veces elegido al Juego de Estrellas, busca señales claras en el plato para salir de una sequía ofensiva que lo volvió una preocupación en la carrera de los Dodgers hacia otro título de Serie Mundial
Antes del inicio de la serie ante Pittsburgh, Tucker hizo práctica de bateo en el campo, algo poco habitual en su rutina. La idea, según explicó, es encontrar un swing que le resulte repetible y produzca buenos contactos para poder trasladarlo después al juego
Una producción por debajo de lo esperado
Al comenzar el viernes, Tucker bateaba .232, con 11 jonrones, 55 impulsadas y un OPS de .694. También sumaba 92 ponches, cerca de su tope personal de 95, registrado con Houston en 2022
El mal momento incluyó una racha de 0 de 26 que recién logró cortar. En sus dos últimos partidos en Colorado conectó tres hits en nueve turnos, con un doble y una impulsada, pero en sus últimos 10 encuentros apenas había bateado .108, con cuatro imparables, dos remolques y cuatro carreras anotadas
La situación no se limita al ataque. El fin de semana pasado recibió silbidos en casa tras perder una pelota corta en el jardín derecho, una jugada que terminó en un error de dos bases ante Milwaukee. En Colorado dejó caer otra pelota similar. Todo eso alimenta un debut más áspero de lo previsto después del contrato de 240 millones de dólares y cuatro años que firmó en enero
Dentro del club, Tucker insiste en mantener la calma y cumplir. Dice que el apoyo del plantel es constante, aunque admite que le pesa no estar ayudando más al equipo ni respondiendo a la expectativa que generó su llegada
Dave Roberts, en tanto, cree que el jugador empieza a aflojar mental y emocionalmente. Con poco menos de seis semanas por delante, los Dodgers, con marca de 77-51, pelean con Milwaukee, líder del circuito con 80-49, por cerrar la temporada regular con el mejor récord de la Liga Nacional. Tucker, por ahora, solo mira hacia adelante