Frank Gehry quedó asociado a edificios monumentales y de formas libres, pero una de las obras que mejor anticipó su lenguaje fue una casa de escala doméstica en Santa Mónica. Compró un bungalow rosado en 1977 y lo transformó en una pieza clave del deconstructivismo con un presupuesto reducido y materiales poco convencionales
Una casa nueva dentro de una vieja
La vivienda original había sido construida en los años 20 y estaba en un lote en esquina. Gehry decidió rodearla con una segunda estructura en lugar de reemplazarla. Sumó chapas acanaladas, alambre tejido, paneles de vidrio en ángulos inesperados y un muro de bloques de cemento pintado en aguamarina. En la cocina, incluso, colocó un piso de asfalto
La casa terminó funcionando como una superposición de espacios: una construcción dentro de otra, con dos accesos y una frontera inestable entre adentro y afuera. Para el arquitecto Philip Johnson, esa ambigüedad era justamente lo extraordinario del proyecto
Vecinos molestos, arquitecto liberado
La intervención provocó rechazo en el barrio y hasta intentos de demanda por parte de algunos vecinos. Gehry, sin embargo, vio en esa obra una libertad que rara vez tenía cuando trabajaba con clientes y plazos. Defendió el experimento y siguió adelante, convencido de que no había nada hipocresía en escandalizarse por unas planchas de alambre tejido en una cuadra donde abundaban otros objetos a la vista de todos
Con el tiempo, aquella casa empezó a leerse como una ruptura decisiva con las formas convencionales. La historiadora Beatriz Colomina llegó a definirla como la casa que construyó al propio Gehry
Una obra viva, no un manifiesto congelado
El bungalow no fue solo una declaración estética. Gehry y su familia vivieron allí durante décadas, y la vivienda fue cambiando con sus necesidades. El arquitecto abrió una ventana en el baño de manera improvisada y, ya en los años 90, volvió a reformarla: agregó una piscina y renovó el techo, la iluminación y el sistema eléctrico
Más tarde admitió que esas modificaciones habían debilitado la fuerza de la versión original. Aun así, la casa sigue en pie como una de las piezas esenciales de su trayectoria: una obra que cuestionó qué puede ser una casa y también quién tiene derecho a imaginar algo extraordinario