Santiago Peña renunció a la presidencia de Paraguay después de quedar vinculado a la crisis de Ueno Bank. El mandatario comunicó su salida mediante un video, mientras aumentaban la presión política y las protestas de clientes

Un banco intervenido y millones de cuentas bloqueadas

El Banco Central del Paraguay ordenó la intervención y disolución de Ueno tras detectar que su índice de solvencia había caído por debajo del 50% del mínimo requerido. La medida dejó sin acceso a sus cuentas a cerca de 2,9 millones de clientes en un país de 6,1 millones de habitantes

Durante la gestión de Peña, la entidad privada recibió importantes recursos de organismos públicos, entre ellos el Instituto de Previsión Social, encargado de administrar las pensiones de la mayoría de los trabajadores paraguayos

La presión llegó al Congreso y a las calles

La Cámara de Diputados rechazó la renuncia y aprobó por unanimidad iniciar un juicio político. El objetivo señalado fue evitar que Peña conservara fueros como senador vitalicio y pudiera responder ante la Justicia

La intervención ocurrió 48 horas antes de la dimisión. Ocho ejecutivos actuales o anteriores del banco fueron detenidos preventivamente, mientras renunciaron el presidente y otros dos directores de la autoridad monetaria. Cientos de personas salieron a reclamar la devolución inmediata de su dinero

La crisis también afectó la conducción política del país. Legisladores de la oposición y del propio partido de Peña impulsaron el proceso para destituirlo, ante una salida que el Congreso consideraba prácticamente inevitable

En una declaración pública, el presidente chileno José Antonio Kast sostuvo que cada país debe definir su propio camino frente a situaciones de ese tipo y que el caso paraguayo todavía estaba siendo evaluado

Ueno había pasado, en pocos años, de ser un banco digital poco conocido a uno de los principales prestamistas del país. La entidad afirmaba tener como clientes a cerca del 60% de la población adulta de Paraguay