Skyla espera las novedades del universo Disney. Monica Romero busca dejar atrás el ruido del mundo. Hope quiere entrar, por unas horas, en un territorio de fantasía
La D23, la gran convención para seguidores de Disney, vuelve a funcionar como una pausa colectiva para decenas de miles de personas que llegan cada dos años a Anaheim, California. Durante tres días, el Centro de Convenciones de la ciudad vecina a Disneyland se convierte en un punto de encuentro para comprar objetos exclusivos, intercambiar pines, fotografiarse con personajes y conocer anuncios sobre películas y series
Las entradas van desde unos 50 dólares para una sola tarde hasta más de 2500 dólares para el paquete completo, que incluye los mejores asientos en las tres galas que se realizan en el Honda Center, con capacidad para unas 12.000 personas
Una escapada del mundo real
Para muchos asistentes, el atractivo no está solo en las novedades, sino en la idea de refugio. Romero, de 37 años, resumió ese impulso con una idea compartida por buena parte del público: el universo Disney ofrece finales felices en contraste con un presente que perciben caótico e inestable
Skyla, que visita Disneyland al menos dos veces por semana, espera sobre todo la presentación dedicada a los parques. Autora de una guía no oficial sobre Disneyland, sostiene que el parque permite dejar por un momento todo lo demás afuera
Vestida como Reina, el perro de La dama y el vagabundo, describió esa sensación como una desconexión breve del mundo real para concentrarse solo en el momento
Colección, disfraces y nostalgia
La convención también funciona como mercado, escaparate y escenario. Las distintas áreas sirven para promocionar proyectos de entretenimiento, exhibir productos con sello Disney y reforzar el vínculo entre la marca y sus seguidores
Chase Halon llegó en busca de nuevas piezas para su colección de pines, que ya supera, según estima, el millar. Su objeto más valioso es un pin del dinosaurio morado Figment, que considera una edición limitada y que podría valer unos 5000 dólares
Otros visitantes se enfocan en el juego de encarnar a sus personajes favoritos. Princesas, villanos, héroes y criaturas pasan de un espacio a otro entre fotos, selfies y escenografías inspiradas en distintas franquicias
En el set de Los Simpson, muchos recrean la escena de Homero desapareciendo entre los arbustos. En el espacio de El diablo se viste a la moda, posan como si estuvieran en la portada de Runway. En el Mundo Pixar, entran al cuarto de Andy, de Toy Story
Las filas largas forman parte de la experiencia, aceptó Luis Juárez, que llevó a sus dos hijos por primera vez para que conozcan la magia de Disney desde pequeños
Y entre los adultos, la lógica es la misma: la afición no se abandona con la edad. Para Hope, el amor por aquello que marcó la infancia permanece intacto. "El amor continúa", dijo la visitante, vestida con un traje inspirado en Spider-Man y con orejas de Mickey