Cada día, Mohammed Saber coloca un panel solar rectangular sobre el techo de bambú y lona de la vivienda que comparte con su familia en el campamento de Teknaf, Bangladesh
La familia, integrante de la comunidad rohinyá, huyó de la ofensiva militar en Myanmar en 2017. El equipo solar que recibió como ayuda humanitaria se convirtió en su principal fuente de electricidad
“Ahora podemos cargar los teléfonos, cocinar con luz, permitir que los niños estudien por la noche y usar ventiladores durante la temporada de calor”, contó Saber, de 35 años
Una solución para zonas sin red eléctrica
Desde las regiones inundadas de Nepal hasta los campamentos de refugiados en África, la energía solar comenzó a ocupar un lugar cada vez más relevante en las operaciones de emergencia
Los equipos son compactos, recargables y no dependen de una red eléctrica. Pueden trasladarse con facilidad y utilizarse en lugares donde las rutas están dañadas, las aguas suben rápidamente o los frentes de conflicto cambian de ubicación
Según su diseño, incluyen desde lámparas y linternas solares hasta sistemas domésticos, almohadillas térmicas y cocinas eléctricas alimentadas por el sol
Menores costos y más facilidad de uso
La expansión de la fabricación industrial y los avances tecnológicos redujeron el precio de los paneles solares. También disminuyeron las dificultades para operar los equipos, incluso entre personas mayores sin experiencia técnica
A diferencia de los combustibles fósiles, los paneles no están expuestos a las mismas variaciones de precios. Además, transportar combustible hasta una zona de desastre puede ser costoso y complejo
La tecnología ya se utiliza en distintos escenarios. Una clínica para pacientes con tuberculosis en las afueras de Karachi, Pakistán, funciona con energía solar. En el condado de Renk, Sudán del Sur, se instalaron sistemas solares para filtrar agua destinada a familias desplazadas por la guerra en el vecino Sudán
Después de las inundaciones que afectaron a Nepal en agosto, organizaciones locales e internacionales distribuyeron kits solares. El desastre dejó 1.455 muertos y 5.285 personas desaparecidas, entre ellas cientos de ciudadanos extranjeros
El financiamiento limita la expansión
La incorporación de estos sistemas enfrenta obstáculos. Muchas agencias de ayuda todavía dependen de generadores diésel incluidos en contratos de largo plazo, por lo que migrar a la energía solar exige crear nuevas cadenas de distribución y confiar en tecnologías diferentes
Los recortes recientes en el financiamiento internacional también frenaron programas que comenzaban a consolidarse y redujeron la disponibilidad de especialistas técnicos en energía dentro del sector humanitario
Aunque los costos bajaron, los equipos siguen fuera del alcance de muchas familias. Una organización que brinda asistencia en Ucrania prevé distribuir más de 3.200 kits para fines de 2026, pero mantiene una lista de espera cercana a 20.000 familias
La energía solar no elimina todos los desafíos, pero puede reducir la dependencia de combustibles contaminantes y ofrecer una fuente estable en lugares donde las redes eléctricas fueron destruidas o nunca existieron
Para Saber, el resultado es concreto: “La vida de mi familia mejoró”. Su hogar forma parte de una comunidad de más de un millón de refugiados rohinyá que actualmente viven en Bangladesh