María Consuelo Córdoba, de 58 años, volvió a pedir que se atienda su solicitud de eutanasia después de más de dos décadas marcadas por las secuelas de un ataque con ácido en Bogotá. La mujer ha pasado por más de 80 cirugías faciales y por una hospitalización que superó los tres años

La respuesta de la EPS llegó tras la divulgación reciente de su caso. Capital Salud afirmó que la autorización para el procedimiento existe desde hace cuatro años y que hoy no hay un trámite pendiente, sino una decisión personal de la paciente sobre su derecho a morir dignamente

La EPS dice que ya existe autorización

En su pronunciamiento, la entidad señaló que se comunicó directamente con la usuaria para revisar su situación y verificar lo difundido. También aseguró que continuará garantizando su atención y que acompañará la determinación final que tome Córdoba de manera libre y autónoma

Capital Salud agregó que la paciente ha recibido múltiples atenciones, incluidas intervenciones quirúrgicas, para manejar las consecuencias de las lesiones en su rostro. En ese sentido, insistió en que seguirá disponible para responder a sus necesidades de salud

Córdoba, por su parte, relató que su estado sigue siendo muy difícil y que no ha recibido todas las cirugías necesarias para reconstruir por completo su rostro. Contó que, para costear algunos procedimientos, ha tenido que salir a pedir ayuda en las calles de Bogotá y en el transporte público, usando una máscara artesanal y tubos nasales para protegerse del sol y respirar mejor

“Yo tengo que pedir limosna, montarme en los TransMilenio, montarme en los buses, a pedir limosna para comprar esas cosas”, dijo. También afirmó que usa la máscara todo el día porque tiene la cara muy cicatrizada

La mujer agregó que lleva 26 años viviendo con esas secuelas y pidió apoyo para mejorar su calidad de vida

Un ataque que cambió su vida

La historia de Córdoba se remonta a 2000, cuando llegó a Bogotá desde Istmina, en Chocó. Según su relato, fue atacada con ácido por su exesposo, quien no aceptó que ella decidiera no volver con él y quedarse trabajando en la capital

La víctima recordó que la sustancia estaba escondida en una caneca de aguardiente. “Cuando abrí la puerta me tiró el ácido”, relató, y explicó que en un primer momento no entendió lo que ocurría porque creyó que se trataba de licor

También contó que, tras el ataque, sintió una fuerte quemazón y regresó a su casa a echarse agua. Desde entonces, ha pasado por hospitales, recuperaciones y operaciones en el rostro

Sobre el proceso judicial contra el presunto agresor, dijo no tener más detalles. En medio de esa situación, aseguró que está cansada de vivir y considera la eutanasia como una salida a su sufrimiento