En los hogares más pobres, muchos adolescentes no logran imaginar qué querrían ser a los 30 años. En ese escenario, una escuela bonaerense consiguió un resultado poco frecuente: el 87% de sus egresados estudia o trabaja, y uno de cada cuatro combina ambas cosas
Se trata del colegio María de Guadalupe, con sedes en Las Tunas, Tigre, y Garín, en el partido de Escobar. Su propuesta apunta a que los estudiantes puedan construir un proyecto propio aun cuando el presente esté atravesado por carencias urgentes
Aprender a proyectarse desde chicos
La psicóloga Catalina Ferreccio, directora del programa de orientación vocacional, mentoría e inclusión laboral de la institución, explica que el trabajo empieza muy temprano. El colegio tiene una materia de desarrollo personal y social desde el nivel inicial hasta la secundaria
Allí se trabajan habilidades socioemocionales, autoconocimiento, toma de decisiones y proyecto de vida. También se busca que cada alumno reconozca sus avances y entienda que ya es capaz de resolver desafíos concretos
Salir del “no sé”
Ferreccio señala que muchas respuestas evasivas sobre el futuro no se explican solo por la pobreza. Según describe, a veces la escuela no enseña a elegir y, además, muchos chicos no conocen opciones fuera de su entorno inmediato
Para ampliar ese horizonte, la institución organiza tutorías, mentorías y espacios de orientación vocacional. Los estudiantes visitan universidades, empresas y otros ámbitos donde pueden reconocer recorridos que antes no formaban parte de sus posibilidades imaginadas
La figura del mentor cumple un papel central: pone a cada joven en contacto con un profesional vinculado con sus intereses y funciona como referencia concreta. A partir de allí, el trabajo consiste en identificar capacidades que muchas veces estaban invisibilizadas, como la escucha, la perseverancia o el liderazgo
Resultados que cambian expectativas
La escuela sostiene que el cambio aparece cuando los estudiantes empiezan a advertir que sí pueden proponerse metas más ambiciosas. Hoy, uno de cada dos accede a la universidad y la mayoría de los egresados logra seguir un camino de estudio o trabajo
Entre los casos que citan en la institución hay jóvenes que pasaron de no verse en una carrera a cursar tecnicaturas en programación o estudios de administración de empresas. También recuerdan a una exalumna que trabajaba mientras terminaba la secundaria y hoy estudia esa carrera y realiza una pasantía
El peso del entorno y de los adultos
Según Ferreccio, el contexto influye mucho en las profesiones que los chicos pueden imaginar. Si solo conocen oficios cercanos a su barrio, esas opciones suelen aparecer primero. Con el tiempo, sin embargo, empezaron a crecer otras elecciones como diseño, marketing, comunicación, psicología, kinesiología, ingeniería e inglés
La directora del programa también remarca que la escuela sola no alcanza. Las familias, los tutores y otros adultos cercanos cumplen un rol decisivo cuando acompañan, sostienen y ayudan a que un adolescente no abandone sus procesos de formación
La Fundación María de Guadalupe trabaja con 1.200 niños, niñas y adolescentes en sus dos colegios de Las Tunas y Garín