Gorée, Senegal. Ndeye Awa Diop llegó a los 12 años a la primera escuela-internado de élite para niñas del país como una adolescente extremadamente tímida. Criada en una zona rural, había aprendido desde chica el molde tradicional impuesto a muchas niñas: obedecer, callar y mantenerse en segundo plano

Hoy, a punto de graduarse, tiene 19 años y preside el consejo estudiantil. Dice que en ese lugar aprendió a hablar, participar y asumir responsabilidades

Un internado para las mejores estudiantes

La escuela está instalada en Gorée, una isla frente a Dakar con una historia marcada por la esclavitud y hoy convertida en un espacio tranquilo, sin autos en sus calles empedradas. Cada año admite a 35 alumnas, seleccionadas entre unas 150 convocadas por su rendimiento académico

El Estado cubre la matrícula y la residencia. Durante seis años, las estudiantes pasan por una formación intensa que combina clases, estudio, arte, deporte y encuentros con mujeres referentes de la literatura, la política y la medicina

La rutina es estricta: levantarse temprano, higiene, oración, desayuno, clases, almuerzo, más clases y estudio antes de la cena. La dirección sostiene que esa disciplina es parte de la preparación para convertirlas en una generación decisiva para el futuro del país

Avances y límites para las mujeres

Senegal ha avanzado en educación y en leyes de paridad política, pero la desigualdad sigue siendo fuerte. Las niñas se inscriben en primaria en proporciones altas, incluso superiores a las de los varones, aunque luego abandonan más. Menos del 20% llega al final de la secundaria

Especialistas señalan que el problema ya no es solo el acceso, sino la permanencia en la escuela y la entrada al mundo laboral. Cuando los recursos escasean, muchas familias priorizan la continuidad de los varones. Además, varias niñas dejan de estudiar al llegar la menstruación o terminan casándose y teniendo hijos en la adolescencia

También persisten barreras legales y sociales: las mujeres poseen una mínima parte de la tierra agrícola y muchas trabajan en la informalidad. En la práctica, las normas sobre independencia femenina siguen siendo restrictivas

Una red que empuja hacia adelante

El colegio lleva el nombre de Mariama Ba, una de las escritoras más reconocidas de Senegal, cuyas novelas cuestionaron la poligamia y el peso del patriarcado. La autora nunca quiso que la llamaran feminista, aunque defendió durante toda su vida la igualdad entre hombres y mujeres

Para la rectora, la escuela funciona como un modelo para las chicas que dudan de sus propias posibilidades. Y para las exalumnas, la comunidad sigue siendo clave

Matel Sow, hoy al frente de la asociación de graduadas, cuenta que entrar al internado cambió por completo su vida. Su padre necesitó tiempo para aceptar la decisión, pero después entendió el valor de sus estudios. Ahora ella trabaja en una organización internacional y combina su carrera con la maternidad, apoyada por su esposo

Diop, que fue la primera niña de su aldea en ingresar al colegio, quiere ser abogada especializada en negocios internacionales. No considera prioritaria la vida familiar, una postura poco habitual en su entorno. Para ella, ser fuerte también implica no temer a la soledad

Aunque la escuela muestra resultados sobresalientes, sigue siendo única en Senegal. Para quienes trabajan en el tema, el verdadero desafío es ampliar oportunidades para que el avance no quede reservado a unas pocas elegidas