La construcción arrastra un problema cada vez más visible: faltan trabajadores jóvenes para sostener oficios que siguen siendo esenciales. La situación golpea a la albañilería, pero también a tareas como la fontanería, la electricidad, la carpintería y la soldadura
En ese escenario aparece el testimonio de Rubén Tejerina, albañil de 50 años y al frente de una empresa familiar, que describió con preocupación la falta de relevo generacional en el sector. Empezó en las reformas siendo adolescente, junto a su padre, y hoy ve un panorama muy distinto
Una actividad sin reemplazo suficiente
Tejerina explicó que cuando un profesional se jubila o deja el oficio, no siempre aparece alguien para ocupar su lugar. Esa ausencia, afirmó, complica el trabajo diario de las cuadrillas y deja a muchas empresas con dificultades para completar equipos
También señaló que el problema no se limita a la albañilería. Si faltan electricistas o fontaneros, las obras se frenan y los plazos se estiran. Según su experiencia, trabajos que antes podían resolverse en seis o siete meses ahora se alargan hasta ocho o nueve
Más costos y más desgaste
A la escasez de personal se suma la suba constante de los materiales, un factor que vuelve más difícil cerrar presupuestos y mantenerlos sin cambios. En ese contexto, el margen de previsión de las empresas se reduce
El oficio, además, exige esfuerzo físico y jornadas largas bajo condiciones climáticas exigentes. Para aliviar esa carga, Tejerina implementó en su empresa una jornada continua que termina a media tarde, pensada para mejorar el día a día de sus cuatro empleados
Defensa de la obra tradicional
Frente al avance de las casas prefabricadas, el albañil reivindicó la construcción tradicional con ladrillo, yeso y teja. Sostuvo que una vivienda bien hecha puede durar entre 40 y 50 años sin grandes intervenciones
Su mensaje final apuntó a quienes buscan insertarse en el mercado laboral: quienes se comprometen y hacen bien su trabajo, aseguró, terminan siendo muy valorados en las obras