IGA-BARRIÈRE, Congo. Isaac Batisa pasa sus días excavando en busca de oro en el este de Congo. Tiene 11 años y trabaja en una mina artesanal de Ituri, una de las zonas donde el brote de ébola avanza con más fuerza

Para él, la prioridad no es la enfermedad, sino volver a casa con algo de dinero. A veces gana apenas 2 dólares por jornada. "No sabemos nada sobre el ébola aquí", dijo

Mineros en movimiento, virus sin control

La principal dificultad para frenar la epidemia es el desplazamiento constante de los mineros y de los pequeños comerciantes que circulan entre aldeas, yacimientos y centros poblados. Ese flujo permanente vuelve mucho más difícil encontrar contagiados y seguir la pista de quienes pudieron exponerse

Las tareas de prevención que sí se aplican en otros ámbitos, como el lavado frecuente de manos y el distanciamiento, casi no existen en estos sitios. Allí se trabaja con palas, bateas y otras herramientas básicas, en muchos casos en minas ilegales y fuera del control de las autoridades

Además, el virus que provoca el brote actual es una variante menos común, el Bundibugyo, lo que complica la respuesta porque no existen tratamientos ni vacunas específicas para ella

Un trabajo precario para familias desplazadas

En Ituri, la minería artesanal atrae a una mano de obra muy móvil, pero también golpeada por la pobreza y el conflicto. La violencia de grupos armados ha desplazado a miles de familias y empujado a muchas al trabajo minero como única salida económica

Batisa dijo que sus padres y dos de sus hermanos murieron en un ataque atribuido a rebeldes congoleños. Ahora vive con una tía y cinco hermanos. Como él, muchos niños trabajan junto a adultos en túneles excavados a mano y en pozos abiertos donde también pueden verse mujeres embarazadas

Los propios mineros reconocen la falta de condiciones básicas. Uno de ellos, Singoma Aimé, señaló que hacen falta instalaciones para lavarse las manos, porque todos llegan desde sus casas al mismo sitio de trabajo

Un brote que corre más rápido que la respuesta

El brote ya se extiende por seis provincias del este de Congo y se considera el de crecimiento más rápido de la historia. Con casi 5.000 contagios y 2.325 muertes, Ituri concentra cerca del 90% de los casos

Especialistas creen que el virus circulaba en la localidad minera de Mongbwalu desde febrero, meses antes de que las autoridades declararan el brote el 15 de mayo. La preocupación también creció tras reportes de casos en un corredor de tránsito a unos 35 kilómetros de la frontera con Sudán del Sur

Las brigadas sanitarias intentan educar a los mineros, trabajar con autoridades locales y rastrear casos sospechosos. Pero enfrentan caminos intransitables, presencia de grupos armados y comunidades que se desplazan por la guerra. En ese contexto, detener a los mineros resulta especialmente difícil: para muchas familias, el oro es lo que pone comida en la mesa