La escena ocurre en Homs, aunque podría remitir a otros territorios devastados por la guerra y la destrucción: Medio Oriente, Kiev, una aldea de Sudán o una barriada arrasada de América Latina

En la imagen, un niño sirio juega junto a los escombros dejados por la guerra civil. Pero la fotografía no muestra únicamente el contraste entre la infancia y el paisaje de ruinas

También revela dos impulsos humanos que persisten frente a la destrucción: la inclinación hacia la barbarie y la capacidad de aferrarse a la vida

Si se eliminara el fondo de la escena, quedaría la figura de un niño cuidado, vital y entregado al juego, con toda la existencia por delante. Si se hiciera lo contrario y solo permaneciera el entorno, aparecería una imagen desoladora: restos de viviendas y la memoria de innumerables voces infantiles quebradas

El contraste recuerda que esa infancia debería estar protegida de la guerra y de sus consecuencias, incluso cuando juega entre las huellas de la devastación