La mostacilla, cuyo nombre botánico es Rapistrum rugosum, suele aparecer sin llamar demasiado la atención. Sin embargo, esta planta silvestre ofrece usos culinarios y también aplicaciones tradicionalmente medicinales

Forma parte de la familia de las brassicáceas, la misma del repollo, la mostaza, el brócoli y el nabo. Se la encuentra durante todo el año, aunque su mejor momento de recolección va del otoño a la primavera, cuando el calor deja de volver ásperas sus hojas

Dónde aparece y cómo reconocerla

La mostacilla crece con facilidad en bordes de caminos, vías férreas, lotes abandonados, zanjas y sectores con escombros. Sus flores pequeñas, agrupadas en racimos sobre tallos finos, forman manchas amarillas visibles desde lejos

Qué partes se aprovechan

La planta entera es comestible, pero en la práctica se usan sobre todo las hojas, las flores y los racimos florales. Las semillas son picantes y difíciles de limpiar, mientras que las raíces suelen ser demasiado delgadas como para resultar útiles

Las hojas y flores pueden comerse crudas en ensaladas o sándwiches, o incorporarse a fermentos, jugos verdes y licuados. También funcionan bien en guisos, sopas, tortillas, tartas, escabeches, encurtidos, frituras, empanadas y pastas

Los racimos antes de abrirse se usan como si fueran pequeños brócolis. Las flores sirven como decoración, aunque conviene recolectarlas al final, porque se marchitan rápido. Las hojas deshidratadas pueden emplearse luego en tisanas o rehidratarse en distintas preparaciones

Aportes y propiedades

Su sabor recuerda al del repollo y el brócoli. Además, aporta fibra y nutrientes como vitaminas A, C y K, calcio, hierro, magnesio, potasio, zinc, selenio y manganeso

Tradicionalmente se la considera diurética, antioxidante, antiespasmódica, digestiva, mucolítica, tónica del sistema nervioso y protectora del hígado. También se le atribuye uso externo como cicatrizante y antiséptica

Precauciones al consumirla

Por su alto contenido de vitamina K, su consumo debe considerarse con cuidado en personas con enfermedades cardíacas severas o que toman anticoagulantes. Como con cualquier alimento nuevo, lo recomendable es incorporarla de manera gradual para detectar posibles alergias o intolerancias

También se desaconseja introducirla durante el embarazo o la lactancia. Y, sobre todo, es importante elegir bien el lugar de cosecha: la mostacilla puede acumular metales pesados y otros contaminantes, por lo que no conviene recolectarla cerca de autopistas, ferrovías, minas, fábricas, talleres mecánicos, fundiciones, basurales o zonas con uso histórico de agrotóxicos

Encurtido rápido de hojas

Para una versión sencilla, se pueden usar 200 g de hojas de mostacilla, 1 taza de agua, 1 taza de vinagre de manzana o el que se prefiera, 1 taza de vino blanco, 1 cucharada de miel o azúcar, 1 cucharadita de sal y, opcionalmente, 1 o 2 cucharadas de granos de mostaza

Se hierve el agua con el vinagre, el vino, la miel y la sal. Mientras tanto, se lavan las hojas, se cortan y se acomodan en frascos. Después se agrega la mostaza en grano y se cubre todo con el líquido caliente. Una vez cerrados, los frascos se dejan reposar

Puede consumirse apenas se enfría, aunque el sabor mejora si se espera al menos un día. Va bien en ensaladas, sándwiches, picadas, canapés, fajitas o como guarnición para sumar frescura y acidez