En Venezuela, cada actor parece moverse con un calendario propio. Washington mira hacia noviembre de 2026, cuando se celebrarán las elecciones de medio término en Estados Unidos. Caracas espera inversiones y resultados. La oposición calcula sus próximos pasos. Pero para los ciudadanos, el tiempo se mide en apagones, salarios insuficientes y años sin poder elegir libremente
El petróleo como prioridad estratégica
El gobierno de Donald Trump ha relacionado recientemente el comportamiento de los precios del petróleo con el calendario electoral estadounidense. En ese contexto, Venezuela ocupa un lugar relevante por sus reservas y por el potencial de su industria energética
Washington necesita mostrar avances, mientras Caracas requiere capital para reactivar la economía. Sin embargo, la recuperación petrolera demanda años, una dimensión que choca con la urgencia de la política
La apertura petrolera y económica tendrá que reflejarse en aspectos concretos de la vida diaria: electricidad, agua, empleo, servicios e ingresos. Anunciar inversiones por miles de millones de dólares es más sencillo que convertirlas en mejoras visibles para la población
El acuerdo petrolero con Washington incluye 17 campos y más de 65.000 millones de barriles de reservas probadas. La magnitud de esas cifras confirma el peso del petróleo en la transición, aunque no resuelve por sí sola los desafíos políticos ni sociales del país
La disputa entre estabilidad y democracia
Boris Muñoz formuló una pregunta que permanece abierta: si Washington necesita establecer las condiciones políticas para administrar la riqueza petrolera venezolana, ¿el proceso apunta a una transición democrática o a una estructura de estabilidad orientada a proteger intereses estratégicos?
Se trata de una interpretación, no de una conclusión definitiva. Pero plantea un debate central sobre el tipo de cambio que se está construyendo y sobre el lugar que ocupará la voluntad ciudadana
El regreso pendiente de María Corina Machado
El retorno de María Corina Machado dejó de ser un asunto exclusivamente personal. Su decisión forma parte del equilibrio político en desarrollo. La dirigente ha admitido que la postura de Estados Unidos y de otros aliados influye en el momento elegido para volver
Cada día que permanece fuera del país puede modificar el escenario. En una transición, los espacios vacíos también producen efectos políticos y pueden alterar la relación de fuerzas
Un cronograma institucional sin fecha electoral
El calendario de Dinorah Figuera, presidenta de la Asamblea Nacional de 2015, contempla octubre para abordar los derechos políticos y civiles, noviembre para reinstitucionalizar el Tribunal Supremo de Justicia y diciembre para conformar un nuevo Consejo Nacional Electoral
Después de ese proceso aparece la pregunta decisiva: ¿cuándo votarán los venezolanos? Renovar las instituciones puede ser necesario, pero no equivale a devolverle a la ciudadanía su capacidad de elegir
Un nuevo CNE podría crear una condición importante para los comicios, aunque no constituye por sí mismo una elección ni garantiza que esta tenga lugar
La espera de los ciudadanos
La transición reúne intereses distintos. Washington persigue objetivos geopolíticos; Delcy Rodríguez necesita estabilidad y resultados; la oposición busca conservar su capital político; los negociadores siguen sus cronogramas y los empresarios calculan sus inversiones
Mientras tanto, los venezolanos contabilizan cortes de electricidad, respuestas que no llegan, presos políticos y sueldos que pierden valor. También acumulan años de espera por una elección libre
El problema central no es quién logró extender su margen de maniobra o quién obtuvo el acuerdo más conveniente. Es saber cuándo Venezuela podrá decidir nuevamente por sí misma
Sin una fecha electoral, la transición corre el riesgo de convertirse en una nueva espera. Y la sociedad venezolana ya ha soportado demasiado tiempo sin una respuesta