La avenida Corrientes conserva su capacidad de atraer público incluso en noches frías. Personas que salen del teatro, recorren librerías, miran carteleras o comparten una pizza mantienen vivo uno de los rituales más reconocibles de Buenos Aires

Sin embargo, esa imagen no necesariamente representa una mejora económica. También puede leerse como el último consumo aspiracional al que todavía accede una clase media cuyos ingresos perdieron capacidad de compra

Una escalera de aspiraciones cada vez más corta

Durante años, el recorrido de una familia trabajadora incluía metas como la casa propia, el automóvil, una comida afuera, un recital o un viaje. Cada paso requería contar con dinero disponible después de cubrir las necesidades básicas

Ese margen se redujo de manera drástica. Una estimación difundida el 6 de septiembre calculó que el salario mínimo acumularía en septiembre una pérdida de poder adquisitivo del 40,8% frente a noviembre de 2023

La caída también alcanzó a los trabajadores registrados. En mayo de 2026, el salario real promedio del empleo privado registrado retrocedió 2,4% interanual, mientras que las remuneraciones pactadas en los principales convenios colectivos disminuyeron 5,2% en términos reales

Salir, pero gastando menos

En ese contexto, caminar por Corrientes, comprar un libro usado, comer una pizza entre dos o elegir una obra de bajo costo no funciona como señal inequívoca de prosperidad

Se trata, más bien, de un consumo de sustitución. Las personas no abandonaron el deseo de viajar, comprar un auto o acceder a una vivienda, pero esas posibilidades dejaron de formar parte de sus decisiones inmediatas

La avenida ofrece una forma económica de conservar el vínculo con la ciudad, la cultura y la vida social. Es un lujo residual: una experiencia que permite salir y sentirse parte de un ritual porteño sin asumir gastos demasiado elevados

Una foto que no alcanza para describir el consumo

La imagen de Corrientes llena de gente fue presentada como una respuesta a quienes sostienen que los ingresos no alcanzan. Las filas frente a los teatros y el movimiento de una noche de sábado parecen contradecir esa percepción

Pero el Índice de Consumo Privado de agosto registró una baja mensual de 1,2% y una caída interanual de 0,6%. Además, acumuló nueve meses consecutivos de retrocesos y cerró los primeros ocho meses de 2026 con una contracción de 1,4% frente al mismo período de 2025

La actividad teatral también presenta un panorama menos expansivo. La cantidad de espectadores se mantuvo en niveles similares entre 2024, 2025 y 2026, aunque permaneció entre 12% y 16% por debajo de la registrada en 2023

Además, una escena tomada durante el ingreso y la salida de una función no permite representar el comportamiento de toda la actividad. Es una imagen real, pero parcial

Corrientes está llena. La cuestión es qué significa esa multitud. Puede ser la prueba de que la gente todavía busca salir, pero también de que redujo el precio de esas salidas. Cuando los gastos crecen más rápido que los salarios, el consumo no desaparece por completo: se repliega hacia lo que todavía resulta posible

Entre Callao y Uruguay, la avenida mantiene así su brillo, aunque con una aspiración mucho más modesta: seguir participando de la vida urbana sin dejar de lado lo esencial