Cuando Nerina Estevez Oneto terminó de limpiar las paredes con hidrolavadora y vio frenar a tres ciclistas frente al local, entendió que ya no había vuelta atrás. No tenía todavía una reapertura formal, ni un stock preparado, pero les ofreció lo único que había: una gaseosa tibia olvidada en una conservadora
Después fue hasta Arrecifes, compró mercadería y regresó con salames, quesos, pan y bebidas. Ese mediodía de calor intenso, el almacén Beladrich volvió a abrir
La escena marcó el inicio de una nueva etapa para un lugar que forma parte de la memoria de la llanura bonaerense. Nerina había pasado su infancia a poco más de un kilómetro de allí, en el campo de su familia. De chica, el almacén era parte de la rutina de todos los vecinos de la zona, cuando no había autos propios para llegar a los pueblos y ese mostrador resolvía buena parte de la vida cotidiana
Un regreso atravesado por la pandemia
Después se fue a Buenos Aires para terminar el secundario y estudiar abogacía. Más tarde vivió en distintas provincias por el trabajo de su marido, aunque siempre volvía. Con el tiempo, el viejo almacén quedó reducido a pocos rastros: un mostrador de madera, una heladera antigua, algunas mesas, latas viejas y objetos dispersos de otras épocas
La decisión de hacerse cargo apareció en los años de la pandemia. Nerina sintió que la vida podía cambiar de un día para otro y que ya no quería postergar lo que realmente deseaba hacer. Desde hacía tiempo imaginaba un espacio para cocinar, recibir gente y recuperar la hospitalidad típica de los almacenes de campo
Cuando los dueños del lugar le ofrecieron tomar la posta, dudó. Primero dijo que no. Después cambió de idea
Un punto de encuentro con historia
Beladrich fue levantado a comienzos del siglo XX por Andrés Beladrich y Margarita, su esposa, en un cruce de caminos rurales. Durante décadas funcionó como un nodo del campo argentino: allí se esperaba a viajeros, se cruzaban noticias y se armaban reuniones
Para llegar hoy, hay que salir de la Ruta Nacional 8, pasar por un tramo de asfalto y otro de tierra, cruzar el Puente Andrade sobre el río Arrecifes y avanzar unos kilómetros más hasta San Pedro
Alrededor del lugar circularon durante años relatos ligados al Camino Real. Algunos vecinos sostienen que por allí pasaron figuras históricas y que incluso hubo escenas asociadas a personajes del siglo XIX y del arte popular. Más allá de cuánto haya de cierto en esas versiones, el almacén conserva sus leyendas como conserva sus objetos antiguos
La historia que Nerina conoce con certeza es la de Margarita, la mujer que quedó viuda y sostuvo el negocio sola. Fue costurera, apicultora y enfermera de la zona. Antes, Beladrich había sido el único lugar donde los vecinos conseguían todo lo necesario
Comida, memoria y familia
Nerina no trabaja sola. Comenzó con un primo, que luego se alejó, y hoy comparte el proyecto con su hija Elena. La relación de Elena con el almacén es heredada: no tiene recuerdos propios de la infancia allí, pero creció escuchando historias hasta sentirlo como algo propio
El plan inicial era abrir solo los fines de semana. Sin embargo, la respuesta fue tan rápida que el formato cambió. Hoy Beladrich funciona todos los días, con propuestas simples entre semana y parrilla completa los sábados y domingos. La cocina recupera platos de siempre: estofados, pastas, carnes, milanesas, ravioles al disco, pollo al disco, choripán y guiso
Además, fueron volviendo piezas históricas como la heladera original, la caja fuerte y la balanza. Con eso y con objetos rescatados entre familias de la zona, armaron un salón con fotos y afiches, más un comedor de la abuela decorado con piezas familiares. También hay una biblioteca en construcción, juegos para chicos, sillones, un depósito adaptado para reuniones y wifi, aunque la señal de celular casi no acompaña
Un lugar que volvió a reunir gente
La clientela ya no es solo vecina. Los fines de semana llega entre un 40 y un 50 por ciento de público desde Buenos Aires y otras localidades lejanas, movido por el boca a boca y las redes. Van motociclistas, familias y grupos que aprovechan el patio, el espacio abierto y el entorno rural
La vida del lugar también se volvió cultural. Aparecen libros donados, visitas escolares, turismo y peñas espontáneas con guitarras, bombos y baile. Elena destaca la energía de la gente que se anima a cantar o a bailar chacarera. Nerina, en cambio, dice que disfruta sobre todo conversar con cada mesa y escuchar historias
En Beladrich, el pasado no quedó guardado: sigue vivo en la cocina, en las fotos, en los objetos que regresaron y en las personas que vuelven. Lo que alguna vez fue un almacén de paso volvió a ser un centro de encuentro. Y, ahora, otra mujer ocupa el mismo mostrador que ocupó Margarita durante tantos años
Información útil: el almacén abre todos los días. Sábados y domingos hay parrilla al mediodía. Contacto: (2284) 21-4911 (Elena) / (2284) 61-1964 (Nerina). Instagram: @almacen_beladrich