La rutina de Solange French depende de Martha Nelson: el desayuno, la comida, el baño, los trámites, las compras y hasta la compañía diaria. Por eso, la posibilidad de que la cuidadora haitiana de 69 años deba abandonar Estados Unidos en cuestión de días la tiene en alerta
"Está conmigo todo el tiempo", dice French, de 91 años. "Sin ella, la vida sería imposible"
Un golpe para un sector ya debilitado
La decisión del máximo tribunal de habilitar el fin del estatus de protección temporal para haitianos abrió una crisis para hogares de ancianos, agencias de atención domiciliaria y familias que dependen de esos trabajadores. El impacto no recae solo en los empleados: también alcanza a adultos mayores y personas con discapacidad que los necesitan para seguir viviendo en sus casas o recibir cuidados básicos en instituciones
En todo el país, establecimientos del sector se preparan para perder personal con TPS, el permiso temporal que protegía a miles de migrantes. La industria ya venía arrastrando falta de mano de obra y nuevas restricciones migratorias
En algunas residencias, la situación ya empezó a sentirse. Un centro de servicios comunitarios en Florida despidió a una cuidadora haitiana que acompañó durante una década a una sobreviviente del Holocausto. La mujer, de 87 años, dijo entre lágrimas que no solo perdió a una empleada, sino también a una amiga
Cómo se reorganizan los centros de cuidado
Los cuidadores nacidos en el exterior representan una porción clave de este rubro, especialmente en la asistencia domiciliaria. Para muchos pacientes, son la primera y la última cara que ven cada día, además de quienes detectan cambios sutiles, alivian la soledad y cubren necesidades básicas que a menudo pasan inadvertidas
En un hogar para personas con discapacidad en el estado de Nueva York, los responsables calculan que perderán decenas de trabajadores por los cambios migratorios. La salida de personal obliga a buscar reemplazos en agencias, sumar horas extra y reorganizar turnos en medio de una tensión creciente
Entre los empleados con TPS, el clima es de angustia. Algunos temen quedarse en el país sin autorización y terminar en la informalidad; otros piensan en regresar a Haití, donde la violencia de las bandas y la pobreza vuelven el retorno una opción desesperante
Una relación que va más allá del trabajo
En Queens, French y Nelson sostienen una relación que mezcla cuidado, afecto y costumbre. Llegaron a Nueva York con décadas de diferencia, pero ambas construyeron allí su vida. French abrió negocios, formó una familia y compró su casa. Nelson llegó después del terremoto de 2010 y encontró empleo en tareas de asistencia
Desde hace unos tres años, Nelson ayuda a French desde que la mujer sufrió una caída y se quebró la cadera. Le alcanza la comida, se ocupa de la casa, conversa con ella en creole haitiano y la llama los fines de semana para asegurarse de que esté bien
French dice que ya la siente parte de la familia. Nelson responde que la ve como a una madre. Ambas discuten solo en un punto: French insiste en que no es una hija, sino una hermana
Mientras espera una definición, Nelson guarda su autorización de trabajo en una pequeña bolsa de tela que lleva consigo a todos lados. Cada domingo reza por una solución. También teme por French. Si se va, dice, la situación para la anciana podría volverse muy difícil