WASHINGTON.- La ofensiva de cambios impulsada por el secretario de Defensa, Pete Hegseth, dejó al Ejército estadounidense con su estructura de mando debilitada en un momento de alta demanda operativa. La fuerza enfrenta ataques con drones y misiles cada vez más sofisticados mientras siguen vacantes puestos centrales en su conducción

El Ejército sigue sin jefe de Estado Mayor desde que Hegseth apartó al general Randy George en abril, sin explicar los motivos. Además, según funcionarios en actividad y retirados, otros oficiales de alto rango considerados posibles reemplazos también fueron desplazados o empujados a salir

La incertidumbre alcanza incluso al liderazgo civil. Daniel P. Driscoll, secretario del Ejército, sería otro de los nombres a salir en los próximos meses, en medio de una reorganización que coincide con uno de los periodos de mayor exigencia para la fuerza desde Irak y Afganistán

Una cúpula más vacía

La lista de vacantes y recambios creció durante los últimos meses. En enero de 2025 había 10 generales de cuatro estrellas en servicio activo dentro del Ejército. Hoy quedan cinco, el nivel más bajo en décadas

Algunos de esos puestos fueron eliminados y otros quedaron temporalmente en manos de oficiales de otras fuerzas. También hay cargos estratégicos sin cubrir desde hace meses, entre ellos el del comando responsable de transformar, entrenar y equipar a las unidades terrestres

Ese vaciamiento llega cuando la defensa aérea del Ejército cumple un papel decisivo en Medio Oriente, donde las tropas estadounidenses han enfrentado ataques iraníes cada vez más precisos. También es clave el apoyo que el Ejército en Europa brinda a Ucrania frente a Rusia

Defensa bajo presión

Entre las áreas más sensibles está la de los sistemas Patriot, principal barrera contra misiles balísticos lanzados contra bases estadounidenses. El 17 de julio, un misil iraní impactó en viviendas prefabricadas de una base en Jordania y mató a tres soldados estadounidenses, además de herir a más de 100

Fuentes de defensa aseguran que el Ejército respondió agotando sus ya limitadas reservas de interceptores Patriot. Irán, además, fue aprendiendo a maniobrar con misiles capaces de cambiar de rumbo, lo que complicó aún más la defensa

Otra vacante sensible surgió en julio, cuando Hegseth degradó el puesto del general Christopher T. Donahue, responsable de las tropas terrestres en Europa, obligándolo de hecho a dejar su cargo si no lograba otra designación equivalente. Ese comando había aplicado lecciones de la guerra en Ucrania para preparar equipos antidrones que luego fueron enviados a Medio Oriente

Consejos que incomodan

Para legisladores y mandos militares, el problema no es solo la cantidad de salidas, sino el mensaje que dejan. Temen que se castigue a oficiales por dar evaluaciones francas o por no alinearse con criterios ideológicos, algo que podría erosionar la imagen de una fuerza neutral y profesional

Uno de los momentos que más tensó la relación entre Hegseth y la cúpula fue el despido del general James Mingus, subjefe del Estado Mayor del Ejército, hecho meses antes de lo previsto. Luego, Hegseth y la Casa Blanca promovieron al general Christopher LaNeve como reemplazo, pero su confirmación enfrenta resistencia en el Senado

Entre quienes cuestionan esa designación está la senadora Joni Ernst, republicana por Iowa y veterana de la Guardia Nacional. Tras la salida de George, incluso llamó al presidente Donald Trump para quejarse por el despido, según una fuente legislativa familiarizada con la conversación

Mientras tanto, el Ejército intenta sostener su preparación con menos conducción y más incertidumbre en la cima. En medio de conflictos activos y amenazas más complejas, la cadena de mando aparece hoy más frágil que nunca