La historia de los Graffigna empezó con un inmigrante italiano y una apuesta de largo aliento. Más de un siglo después, aquella saga familiar sigue viva en el valle de Pedernal, donde una rama del linaje mantiene la tradición vitivinícola con la bodega Graffigna Yanzón y una posada pensada para recibir entre viñedos de altura

Un apellido que marcó el vino sanjuanino

Don José Graffigna llegó a la Argentina en 1860, desde Borzonasca, cerca de Chiavari, con la idea de invertir en tierras y emprender. Tras pasar por Estados Unidos y Chile, se instaló en San Juan, donde compró campos en Ullum, Zonda y Pocitos, implantó vides y comenzó a elaborar vino en una provincia donde esa actividad todavía era poco frecuente

Luego trajo a un sobrino segundo, Santiago, para que cuidara el negocio mientras él viajaba a Europa a casarse. Así nació la otra rama de la familia, que con el tiempo se unió a la primera

La descendencia siguió ligada al vino durante cinco generaciones y dejó huella con inversiones, técnicos y maquinaria importada de Europa, incluidos tractores en una época en la que el trabajo rural dependía casi por completo del caballo

De ese impulso surgieron dos bodegas: Don José, dedicada a la venta de uva a granel, y Santiago Graffigna limitada, orientada a la elaboración de vino. Esta última fue vendida en la década de 1980 a capitales extranjeros y hoy pertenece a un grupo chileno. Parte de esa infraestructura funciona ahora como Museo Graffigna, con un recorrido por la historia del vino en el país

La influencia familiar también llegó a otros proyectos. La instalación de Cinzano en San Juan estuvo vinculada a la relación de Don Santiago con uno de los hijos de esa casa italiana, a quien alentó a traer sus negocios a la provincia. La bodega abrió en 1923 y llegó a ser la destiladora más grande de Sudamérica

Pedernal, el valle que tardó un siglo en despertar

La siguiente gran apuesta fue de Don Duilio Graffigna, bisabuelo de Santiago, quien compró más de 100.000 hectáreas en Pedernal, en el suroeste sanjuanino. El campo ocupaba casi todo el valle, salvo una pequeña franja

Durante años, sin energía eléctrica y con lluvias casi inexistentes, la actividad fue ganadera: hubo unas 4.000 ovejas y 2.000 vacunos, además de cultivos de maíz y alfalfa. También se desarrolló la olivicultura y todavía quedan árboles centenarios en la finca familiar

El vino en esa zona debió esperar casi cien años. Con el tiempo, gran parte de las tierras del valle se vendieron, aunque algunas ramas de la familia conservaron hectáreas y la casa de veraneo. Hace más de dos décadas, cuando Pedernal empezó a llamar la atención por la calidad de sus uvas, la familia retomó el proyecto vitivinícola casi como un hobby, con viejas máquinas que habían quedado de la antigua bodega

El primer vino fue probado por Juan Graffigna, ex enólogo de la bodega, quien elogió el resultado. El experimento comenzó en una pequeña parcela de media hectárea y en 2007 tomó forma definitiva

Hoy trabajan 17 hectáreas a 1.190 metros de altura, con Malbec como cepa principal y, en menor medida, Cabernet Sauvignon, Cabernet Franc, Pinot Noir, Syrah, Merlot, Semillón, Torrontés y Sauvignon Blanc. Elaboran nueve varietales y dos blends

El terroir y una producción de altura

El carácter de las uvas está ligado a un suelo calcáreo similar al de Bordeaux y a un microclima de fuerte amplitud térmica: cálido durante el día y fresco por la noche. Esa combinación da un pH ideal y reduce la necesidad de aditivos en el proceso

La bodega comercializa hoy las etiquetas Finca Don Duilio, Don Duilio Yacare, Don Duilio Brills y Don Duilio Tres Marías. La producción anual ronda entre 20.000 y 25.000 botellas, con la expectativa de destinar el 70% al mercado externo. Actualmente exportan algo menos y sus destinos principales son Estados Unidos y Nueva Zelanda

Una posada entre viñedos y memoria familiar

La posada se construyó para ese público extranjero, aunque con el tiempo también ganó visitantes argentinos atraídos por las rutas del vino. La casa fue levantada al estilo de las antiguas casonas de campo sanjuaninas y tiene tres habitaciones decoradas con muebles conservados por la familia durante generaciones y piezas recuperadas de demoliciones

Santiago Graffigna recibe a los huéspedes y conduce las degustaciones. Desde la galería se ve el viñedo con la precordillera al fondo; cerca está el jardín y, más allá, la piscina. Al final de la tarde, el living se vuelve refugio antes de la cena, que propone un menú de tres pasos con opciones de carnes rojas, pescado o pastas y diferentes vinos de la casa en cada etapa

A pocos metros hay una segunda vivienda, pensada para una estadía más familiar. El programa incluye visita a la bodega, recorrido por los secretos de la elaboración y degustación en la sala de barricas, presidida por el árbol genealógico familiar. También hay bicicletas disponibles para recorrer los viñedos al atardecer

Datos prácticos

Bodega Graffigna Yanzón, RN 53 s/n. Teléfono: (264) 405-7793. Habitación doble: $180.000 con desayuno. Menú de tres pasos con vinos de la casa. Abierto todos los días de 12 a 18. Cena con reserva previa. Atendido para huéspedes y visitantes. Conviene reservar