La sequía que azota a gran parte de Europa este verano está dejando una huella profunda en el campo. Desde los Países Bajos hasta Bosnia, pasando por la República Checa, Rumania, Hungría y el Reino Unido, los productores enfrentan suelos secos, menor rendimiento y reservas de agua cada vez más ajustadas
En el suroeste neerlandés, Maarten Janse intenta proteger su tierra con compost, paja y estiércol, pero aun así su campo se seca. En la provincia de Zelanda, otros agricultores ya no pueden usar agua de canales y arroyos para regar. La combinación de calor intenso, aire seco y días sofocantes está dañando especialmente a las papas, que este año llegan antes de tiempo y con menor tamaño
Papas más pequeñas y cosechas recortadas
Hendrik Jan ten Cate, también en Zelanda, observa plantas de papa marchitas y calcula que su producción caerá cerca de un tercio respecto de un año normal. Sus tubérculos, destinados a la industria de las papas fritas, no alcanzan el tamaño habitual. La cosecha se adelantó un mes y el resultado será mucho más pobre
El golpe no se limita a los Países Bajos. Un análisis de la banca neerlandesa Triodos estimó que las olas de calor y la sequía podrían reducir en 1% el producto interno bruto de la Unión Europea en 2026, unos 180.000 millones de euros. La agricultura figura entre los sectores más expuestos
Bosnia, con rindes muy por debajo de lo habitual
En Bosnia, donde la agricultura representa alrededor de 5% del PIB anual y 10% del empleo, el productor Slavisa Lukic ve cómo sus maizales se deterioran bajo sucesivas olas de calor. En una campaña normal obtiene entre 6 y 7 toneladas por hectárea. Este año espera apenas entre 1,5 y 2 toneladas, si logra cosechar algo
En el noreste bosnio, también desaparecieron los campos de trébol que antes crecían con abundancia. Lukic resumió la situación con una sola palabra: nada
Cerveza, granos y forraje bajo presión
En la República Checa, la sequía también amenaza al sector cervecero. Plzeňský Prazdroj, la mayor productora de cerveza del país, prevé pérdidas este año por una menor producción de lúpulo. La distribución irregular de las lluvias deja largos períodos secos y tormentas aisladas que no alcanzan a penetrar en un suelo endurecido
En Rumania, algunos cultivos resistentes como el girasol muestran mejores resultados, pero el bajo nivel del Danubio complica el transporte de granos y congestiona terminales. Los productores temen no tener dónde almacenar la próxima cosecha de girasol y maíz. En Hungría, los pastizales se secan y los tamberos deben comprar alimento caro para mantener a sus rodeos
Reservas que se agotan incluso donde hubo inversión
En el este de Inglaterra, la finca Elveden Estate apostó por grandes reservorios de agua y sistemas de bombeo para sostener el riego. Aun así, uno de esos depósitos está casi vacío a menos de un año de su apertura y otro ronda apenas el 20% de su capacidad. La inversión ayudó a mantener el riego, pero el margen se achica semana a semana
En medio de este panorama, Janse sigue apostando por prácticas de labranza cero, cobertura permanente del suelo y materia orgánica para resistir mejor las variaciones del clima. También diversificó su actividad con un campamento en la finca y cultiva salicornia en una pequeña parcela, una planta tolerante a la sal. Pero sin lluvias, ni siquiera ese cultivo logra salvarse