Lilian Almada tenía 28 años y ese 9 de agosto de 1995 salía a trabajar como todos los días. Había sido madre hacía tres meses y recién se había reincorporado a su puesto como comisaria de a bordo en un vuelo de Inter Austral que debía unir Córdoba con Mendoza
Antes de partir, todavía le costaba separarse de su hija, Constanza. La amamantó, se despidió y fue al aeropuerto. A bordo viajaban 40 pasajeros en una ruta corta que, en principio, no anticipaba ningún sobresalto
La puerta que ya había dado señales
Según declararon tripulantes y pasajeros, la puerta trasera del CASA 235-200 arrastraba problemas desde antes del accidente. En varios testimonios se habló de cierres complicados, de asistencia para trabarla y de maniobras improvisadas para mantenerla asegurada
En ese vuelo de la tarde, Lilian preparaba el café para los pasajeros cuando se escuchó un estallido. La cabina se despresurizó de forma violenta y la succión la arrastró hacia afuera. No llegó a sostenerse
Un pasajero ubicado cerca de la puerta declaró que vio el momento en que la azafata salió despedida. También relató que el bolso de Lilian fue absorbido por la fuerza de la apertura y que él mismo debió aferrarse al asiento de adelante para no correr la misma suerte
Descenso de emergencia y regreso a Córdoba
En la cabina de mando se activaron luces y alarmas poco después del despegue. El piloto ordenó un descenso de emergencia y el avión regresó a Córdoba. Durante el proceso judicial, el comandante sostuvo que al volver a revisar la aeronave encontró las mamparas desplazadas y comprobó que la comisario ya no estaba a bordo
Otros testigos recordaron que no era la primera vez que ese avión presentaba dificultades. Se mencionaron ruidos previos en la puerta, problemas de presurización y reparaciones de urgencia antes de despegar
El hallazgo en las sierras
La autopsia determinó que Lilian perdió el conocimiento de inmediato. Cayó unos 3.000 metros en las Altas Cumbres cordobesas. Dos días después, su cuerpo fue encontrado en el paraje La Posta, rodeado por restos desprendidos de la puerta
Con el tiempo, su madre, Mirtha Murúa, y sus amigas levantaron una cruz en ese lugar. Desde entonces, volvió una y otra vez para recordarla y para sostener una búsqueda que también fue judicial
Un juicio tardío y dos condenas
La causa llegó a juicio cinco años y siete meses después del accidente. En el debate se discutieron las fallas técnicas, las irregularidades previas y la responsabilidad de quienes tenían a cargo el mantenimiento del avión
Finalmente, en abril de 2001, dos de los imputados fueron condenados: Adolfo José Luna, jefe de mantenimiento del aeropuerto de Córdoba, y Jorge Belarmino Fernández, gerente de Mantenimiento de la empresa operadora
Para Mirtha, la memoria de Lilian nunca quedó atada solo al expediente. La conserva en una página creada con el nombre de su hija y en cada visita a la cruz de La Posta, donde todavía siente que la historia no termina de cerrarse