Leila Peluso conoce el Delta desde su infancia. Su familia tiene un local de deportes náuticos y, desde chica, visitaba la zona con frecuencia. Sin embargo, nunca imaginó que ese vínculo terminaría definiendo su profesión
Después de recibirse de veterinaria, comenzó a atender de manera informal a los animales de vecinos que buscaban evitar el traslado hasta el continente. La demanda creció rápidamente y aquello que al principio era una actividad ocasional se transformó en un trabajo permanente
De la lancha colectiva a una embarcación propia
En sus primeros meses como veterinaria isleña, Peluso trabajaba en una clínica de Tigre y reservaba los miércoles para visitar pacientes en el Delta. Viajaba en la lancha colectiva hasta el arroyo indicado y, en algunos casos, podía pasar varias horas para atender a uno o dos animales
El tiempo de espera entre los servicios y el aumento de los llamados la llevaron a buscar una alternativa independiente. Así adquirió un gomón semirrígido de cuatro metros, una embarcación pequeña que le permitió conectar distintos arroyos y organizar sus recorridas
La pandemia de COVID-19 marcó otro cambio decisivo. Ante la posibilidad de que cerraran las guarderías náuticas, trasladó su lancha y se instaló en la casa de su familia en el Delta. Tenía poco más de 20 años y llevaba ropa para quedarse 15 días, pero esa experiencia terminó convirtiéndose en su nueva vida
Una agenda que depende del río
La atención veterinaria en las islas está condicionada por factores que no aparecen en una clínica tradicional. Antes de salir, Peluso revisa el pronóstico, la intensidad del viento, las sudestadas y el estado de las mareas
Cuando el agua baja demasiado, algunos arroyos quedan sin profundidad suficiente para navegar. Las crecientes, en cambio, pueden complicar el acceso a los muelles. Por eso, salvo en casos urgentes, cada recorrido se organiza de acuerdo con las condiciones del río
Una mordedura de yarará es una de las situaciones que no pueden esperar: el animal necesita recibir suero antiofídico dentro de las cuatro horas para aumentar las posibilidades de sobrevivir. En la primera sección del Delta, además, muchas viviendas solo son accesibles por agua
Problemas de salud propios de la zona
Los perros de las islas suelen tener más libertad y actividad física que los animales que viven en departamentos. Esa dinámica reduce algunos problemas de conducta, aunque también los expone a conflictos territoriales, peleas y encuentros con la fauna autóctona
Las mordeduras de carpincho forman parte de las consultas habituales. También son frecuentes ciertas enfermedades parasitarias: una puede afectar el corazón y transmitirse a través de mosquitos; otra se incorpora por el consumo de agua de río y puede alojarse en el riñón
Durante el verano aumentan las otitis, las afecciones en la piel y las bicheras asociadas a la humedad. En invierno, los cambios bruscos de temperatura suelen provocar tos y otros problemas respiratorios
De perros y gatos a animales silvestres
La formación de Peluso está enfocada principalmente en perros y gatos, pero el aislamiento del Delta la llevó a atender animales que no tenían otra alternativa. En su lancha recibió animales de granja, ejemplares heridos de la fauna local y especies que necesitaban ser trasladadas
En una ocasión curó a un lobito de río y luego lo liberó en su ambiente. También trasladó un ternero deshidratado para administrarle suero, además de ovejas y cerdos que debían llegar a una veterinaria
Sus recorridas también estuvieron marcadas por encuentros inesperados. Mientras navegaba, ayudó a alertar a otras embarcaciones por la presencia de un elefante marino desorientado. En otra oportunidad apareció una ballena en el río, aunque el desenlace no fue favorable
Una consulta especial a bordo
Uno de sus recorridos habituales la llevó a visitar a Ceci, una golden que se preparaba para recibir su última sesión de quimioterapia por un tumor venéreo transmisible. En su caso, el tratamiento tenía una alta probabilidad de resolver la enfermedad
Adoptada de grande, la perra se adaptó a la vida isleña y a su familia. Durante las sesiones se recuesta boca arriba para recibir caricias, una escena que resume parte del vínculo que Peluso construyó con sus pacientes
Para la veterinaria, cada jornada es distinta. Una urgencia o un cambio en el clima puede modificar los planes, pero también forman parte de una rutina que le permite trabajar en contacto permanente con la naturaleza y con una comunidad que depende del río para acceder a la atención veterinaria