La visita del papa León XIV a la Argentina puede ser algo más que un acontecimiento político o una expresión de entusiasmo popular. También puede abrir una reflexión sobre la identidad del país y su capacidad de convivir con las diferencias

En una sociedad acostumbrada a discutir para imponerse, el estilo sereno del Pontífice propone otra forma de liderazgo. La autoridad, plantea el autor, no se mide por el volumen de la voz, sino por la coherencia entre las convicciones, las palabras y los actos

Una mirada espiritual sobre el liderazgo

En su libro Liderazgo espiritual, el autor exploró una concepción del poder basada en la humildad, el servicio, la esperanza y el perdón. Considera que esas virtudes han perdido espacio en la conversación pública y que la visita de León XIV puede servir para recuperarlas

La expectativa también tiene un origen personal. El autor conoció a Jorge Bergoglio antes de que fuera elegido Papa. Fue su confesor en Buenos Aires y luego lo visitó en Roma. Durante una enfermedad, encontró en él una cercanía espiritual que conserva con emoción

A partir de esa experiencia, sostiene que la fe no elimina el dolor, pero puede modificar la manera de atravesarlo. Acompañar a una persona, afirma, no siempre implica resolver sus problemas: muchas veces significa permanecer a su lado y hacerle saber que no está sola

El sufrimiento como experiencia de transformación

La enfermedad le hizo perder el movimiento, la voz y buena parte de su independencia. También atravesó momentos de profunda oscuridad. Sin embargo, descubrió que aún podía amar, servir y encontrar sentido, y asegura que en ese proceso halló a Dios de una forma nueva

Por eso, al pensar en la llegada de León XIV, dirige especialmente su atención hacia quienes sufren, perdieron la esperanza o se sienten solos. Una palabra o un gesto, sostiene, pueden abrir una posibilidad allí donde parecía no quedar ninguna

Una visita sin respuestas políticas

El autor no espera que el Papa resuelva los problemas de la Argentina. La pobreza, la educación y la fragilidad institucional, señala, son responsabilidades que deben asumir los propios argentinos. También advierte sobre el riesgo de convertir la visita en una disputa entre el Gobierno y la oposición

La reconciliación, plantea, no exige abandonar las convicciones. Implica reconocer que, pese a las diferencias, existe una pertenencia común a la misma Nación

La esperanza depositada en el viaje no se basa en una transformación inmediata. Puede expresarse, en cambio, en gestos pequeños: que alguien vuelva a rezar, encuentre fuerzas para perdonar, reconstruya un vínculo o comprenda que escuchar no es una señal de debilidad

El autor cuenta que hoy dedica mucho tiempo a contemplar su jardín en silencio. Ese ejercicio le permitió percibir aspectos que antes pasaban inadvertidos. De la visita espera, sobre todo, una pausa que ayude a la sociedad a escucharse y a recordar aquello que comparte

El autor es exministro de Educación de la Nación y exsenador nacional por la provincia de Buenos Aires