Con apenas 19 años, Lamine Yamal ya está entre las grandes figuras del fútbol mundial. Sus títulos con la selección española y sus récords a edad temprana lo ubicaron en una posición de enorme exposición
Pero el éxito también puede traer una carga emocional difícil de sostener. La psicóloga Lara Ferreiro advirtió que, en algunos casos, el triunfo de un hijo deja de ser solo un logro deportivo y pasa a formar parte de las expectativas de toda la familia
Cuando ganar se vuelve una obligación
Ferreiro explicó que los padres, muchas veces sin proponérselo, pueden proyectar en sus hijos metas que no lograron cumplir. Ese proceso puede derivar en un “mandato de éxito”, una presión silenciosa que empuja al joven a responder siempre a lo que espera su entorno
La especialista señaló que el riesgo aparece cuando el deportista empieza a creer que su valor depende únicamente de ganar y destacar. En ese escenario, los malos resultados o los momentos de bajo rendimiento se vuelven más difíciles de atravesar
También advirtió sobre la llamada identidad vicaria, un fenómeno por el que una persona vive los logros de otra como si fueran propios. En ese marco, el triunfo del hijo puede convertirse en fuente de autoestima, reconocimiento social e incluso sentido vital para la familia
Ferreiro sostuvo que los jóvenes que perciben expectativas familiares muy altas suelen presentar mayores niveles de ansiedad, perfeccionismo y miedo al fracaso. En el caso de Lamine Yamal, el desafío será evitar que el éxito se transforme en la única forma de sentirse valorado por su círculo íntimo