En Rotterdam, Países Bajos, un conjunto de viviendas diseñado por el arquitecto holandés Piet Blom marcó una forma distinta de entender la vida urbana. Entre 1982 y 1984 se levantaron las conocidas casas cubo, una obra singular en la que cada módulo descansa sobre una base hexagonal y gira 45 grados sobre su eje

Un bosque hecho de viviendas

La propuesta de Blom buscó recrear una pequeña aldea dentro de la ciudad. Su idea partía de un bosque urbano: cada vivienda representaba un árbol y, en conjunto, formaban una especie de arboleda arquitectónica

El resultado fue un edificio de fuerte impronta visual, con cubos inclinados en los que tres caras apuntan hacia abajo y tres hacia arriba. Aun así, el diseño mantiene la privacidad de sus habitantes y organiza viviendas tríplex conectadas entre sí como si fueran piezas encastradas

Vida en tres niveles

Cada unidad tiene 106 metros cuadrados y se distribuye en tres plantas. En la base se ubican la zona de estar, la cocina integrada y un espacio de estudio

En el nivel intermedio están los dormitorios y el baño. En la parte superior, una estructura triangular vidriada funciona como salón, dormitorio adicional, zona de juegos o solárium, según la necesidad de cada familia

El interior, sin grandes paredes verticales, obliga a resolver el espacio con ingenio. También hay poco lugar para guardar objetos, por lo que los residentes suelen buscar alternativas para aprovechar cada rincón

Un concepto que sigue vigente

Las casas cubo fueron una evolución de prototipos anteriores que Blom había desarrollado en Helmond durante los años 70. Con el paso del tiempo, el espíritu comunitario que impulsó el proyecto se mantuvo

Las zonas comunes y los espacios compartidos continúan en uso, en una muestra de que aquella idea de combinar innovación, funcionalidad y convivencia todavía conserva su fuerza