Hay un intervalo de poco más de dos horas en la última navegación del ARA San Juan que sigue sin una explicación concluyente. A las 8:36 del 15 de noviembre de 2017 comenzó el último intento automático de conexión por el sistema satelital Iridium

Terminó alrededor de las 8:45. A las 10:51, la CTBTO registró un evento anómalo, corto, violento y no nuclear compatible con una explosión

Entre esos dos puntos ya no hubo comunicaciones directas de la nave

Ese vacío ocupa un lugar central en la sentencia que el Tribunal Oral Federal de Santa Cruz dio a conocer este jueves. El 8 de julio, al cierre del juicio, el ex capitán de navío Claudio Javier Villamide recibió una condena por mayoría a tres años de prisión en suspenso y seis años de inhabilitación para ejercer cargos públicos

Los otros tres imputados, Luis López Mazzeo, Héctor Alonso y Hugo Correa, fueron absueltos por unanimidad

La última secuencia reconstruida

La madrugada previa sí pudo ser reconstruida en parte. Durante la noche ingresó agua de mar por el sistema de ventilación hacia la zona de la batería de proa. Eso generó un cortocircuito y un principio de incendio. La tripulación salió a superficie para ventilar y la batería dañada quedó fuera de servicio. Villamide dispuso cancelar la patrulla y ordenar el regreso a Mar del Plata

A las 6 de la mañana, el comandante del submarino, Pedro Martín Fernández, envió un SITREP con el reporte de situación. La nave seguía navegando con circuito dividido y con la sección de propulsión que permanecía operativa

Más tarde, Fernández pidió modificar el recorrido de regreso. A las 7:19 hubo una comunicación telefónica desde el buque y, a las 8:27, fue autorizado el cambio de ruta

Nueve minutos después comenzó el último enlace satelital

Hipótesis, pero no certeza

Desde ese momento, el caso quedó sostenido por hipótesis técnicas. En el juicio se mencionaron posibles blackouts, fallas eléctricas, roturas de tuberías, pérdida de propulsión, ingreso de agua y una eventual acumulación de hidrógeno en el sector de baterías. También se analizó la posibilidad de una explosión interna. Ninguna de esas explicaciones pudo ser probada como la causa única del desenlace

Los peritos y testigos coincidieron en un punto: el submarino descendió más de lo que su estructura podía resistir. Sus restos fueron hallados a 907 metros de profundidad. Lo que no pudo establecerse con la misma precisión fue qué ocurrió en el tramo final entre el último registro del Iridium y el evento detectado a las 10:51

La grieta en el tribunal

Para Mario Gabriel Reynaldi y Enrique Nicolás Baronetto, la ausencia de una falla final identificada no impedía analizar si antes se había incrementado un riesgo que Villamide debía controlar. Ambos entendieron que la función del ex jefe de la Fuerza de Submarinos lo colocaba en una posición de garante, obligada a mantener la operación dentro de márgenes seguros

Baronetto sostuvo además que no hacía falta una pericia integral sobre los restos para dictar sentencia, porque existía suficiente prueba reunida durante el debate. Giménez, en cambio, planteó que sin saber qué pasó entre las 8:30 y las 10:51 no podía afirmarse con la certeza requerida que la conducta atribuida a Villamide hubiera evitado el naufragio. Para él, ese tramo seguía siendo un hecho desconocido

El juicio dejó reconstruidas comunicaciones, decisiones y averías. Pero esas dos horas finales siguieron marcando el límite de la verdad judicial sobre el ARA San Juan, y también la división interna del tribunal que resolvió el caso