En agosto de 1892, la ciudad de Fall River, Massachusetts, quedó marcada por un doble asesinato que todavía genera interrogantes. Abby Borden, de 64 años, fue encontrada muerta en la casa familiar. Más de una hora después, su esposo Andrew regresó de hacer unos mandados y también fue asesinado
La policía halló al hombre en el sofá de la sala, casi irreconocible tras recibir 11 golpes con una hachuela. La imagen del crimen fue tan brutal que, al principio, las autoridades no sospecharon de Lizzie Borden, la hija de Andrew y una mujer vinculada a la Iglesia Congregacional Central de Fall River
Una investigación rodeada de sospechas
En la vivienda solo estaban Lizzie y Bridget Sullivan, la empleada doméstica irlandesa de la familia. Emma Borden, hermana de Lizzie, se encontraba de vacaciones y otro huésped había salido
Durante la investigación, Lizzie modificó varias veces su relato sobre lo ocurrido aquella mañana. Además, vecinos y conocidos sabían que existían tensiones dentro del hogar. Andrew era un hombre adinerado, pero controlaba con severidad los gastos de sus hijas y destinaba dinero a la familia de su segunda esposa
Las sospechas aumentaron cuando un boticario declaró que Lizzie había intentado comprar ácido prúsico, un veneno, el día anterior a los asesinatos. Más tarde, una amiga afirmó ante un gran jurado que la joven había quemado un vestido en el fogón pocos días después de las muertes
Lizzie fue arrestada y acusada formalmente de asesinato. Para defenderla, su familia recurrió a un reconocido abogado de Boston. En una época en la que solo los hombres podían integrar un jurado, la estrategia de la defensa buscó presentarla como una mujer indefensa y respetable
Una absolución que no cerró el caso
El arma homicida nunca apareció y la prueba relacionada con la supuesta compra del veneno fue declarada inadmisible. Como consecuencia, la acusación quedó basada principalmente en indicios
El jurado absolvió a Lizzie después de una deliberación breve. Sin embargo, nadie más fue llevado a juicio por los asesinatos. La absolución tampoco logró despejar las dudas: Lizzie continuó viviendo bajo sospecha y fue rechazada por parte de la comunidad de Fall River
La historia conserva los elementos de un misterio clásico: pocos sospechosos, coartadas vinculadas a los horarios y una acusada cuya culpabilidad nunca pudo probarse. Si Lizzie fue responsable, el caso también puede leerse como un drama psicológico marcado por los conflictos familiares y las restricciones sociales de su época
El crimen convertido en ficción
Durante décadas, escritores, dramaturgos, poetas, músicos y cineastas retomaron el caso. Una antigua canción infantil atribuyó a Lizzie los asesinatos y popularizó la imagen de un hacha y decenas de golpes, aunque exageró tanto el arma como la cantidad de heridas
Las obras de ficción ensayaron distintas explicaciones sobre lo ocurrido. Algunas reconstruyeron las horas previas a los asesinatos; otras imaginaron relaciones, conflictos y motivaciones que nunca fueron confirmados por la investigación
En el cine y la televisión, Lizzie fue representada de formas muy diferentes: como una mujer fría y distante, como una joven calculadora o como una hija oprimida que se rebela contra un entorno dominado por los hombres
Entre las interpretaciones más conocidas se encuentran la producción televisiva de 1975 protagonizada por Elizabeth Montgomery, la película de 2014 con Christina Ricci y una miniserie posterior. También se realizó una versión con Chloë Sevigny, que presentó el caso desde una mirada feminista e imaginó un vínculo amoroso entre Borden y Sullivan
Una nueva mirada sobre Lizzie Borden
La cuarta temporada de la serie antológica Monster vuelve a explorar la historia de Borden. Ella Beatty interpreta a Lizzie en una trama centrada en la ira femenina, las presiones sociales y las circunstancias que pueden llevar a una persona al límite
La producción también relaciona el caso con la historia de Aileen Wuornos, una asesina condenada en 1992 por matar a siete hombres. Sarah Paulson interpreta a Wuornos en algunas escenas
La nueva versión vuelve a sugerir una relación íntima entre Lizzie y Bridget Sullivan, aunque ese aspecto pertenece al terreno de la especulación. Incluso se ha señalado que Lizzie no solía llamar a la empleada por su nombre y se refería a ella como Maggie, el nombre de una trabajadora anterior
Más de un siglo después, la pregunta central permanece intacta: ¿quién mató a Andrew y Abby Borden? La justicia absolvió a Lizzie, pero la falta de una explicación definitiva mantiene vivo un crimen que continúa inspirando nuevas historias