Daniel Avendaño y Mauricio Palma llevan años siguiendo una pista incómoda: el apoyo que Chile le dio a Gran Bretaña durante la guerra de Malvinas. Su investigación, reunida en El Pacto Perfecto, busca ordenar con documentos una historia atravesada por mitos, tensiones fronterizas y operaciones reservadas
Los autores recuerdan que Chile no tomó partido de manera formal y sostuvo una postura de neutralidad. Sin embargo, también remarcan que se abstuvo en la votación de la OEA sobre el conflicto, en un contexto en el que buena parte del continente respaldó el reclamo argentino
Un plan militar bajo reserva
Entre los papeles que citan aparece un informe británico con clasificación de máxima reserva, fechado el 1 de mayo de 1982. El documento presenta distintas alternativas militares para recuperar las islas y llega a evaluar, en uno de sus escenarios más extremos, la posibilidad de desembarcar en Tierra del Fuego con participación activa de Chile
Según los investigadores, en ese clima de tensión también hubo señales de que Santiago consideró intervenir. El almirante José Toribio Merino habría impulsado movimientos de la escuadra chilena hacia el sur y dejado trascender, en mensajes reservados, que el país podía entrar en zona de operaciones si la situación se agravaba
La frontera como punto de quiebre
Avendaño y Palma sostienen que la colaboración chilena no puede leerse sin el conflicto previo entre ambos países. Había disputas limítrofes, choques en el canal de Beagle, el antecedente de Laguna del Desierto y la Operación Soberanía, el plan argentino de 1978 para invadir Chile
En ese marco, describen una relación militar y política de larga data entre Santiago y Londres, alimentada por la tradición naval, por el equipamiento británico y por viejos vínculos institucionales que se remontan a la formación de la república chilena
Inteligencia, radares y aeródromos
El libro atribuye a Chile un rol clave en la asistencia práctica a la fuerza británica: uso de espacio aéreo, autorización para operar en pistas como Isla de Pascua, Carriel Sur, Punta Arenas y San Félix, además de tareas de inteligencia, apoyo logístico y cobertura radar
También menciona la presencia de oficiales británicos en territorio chileno, la instalación de equipos de detección en el sur y el uso de la información para anticipar movimientos argentinos. Los autores incluso recuperan declaraciones posteriores de Margaret Thatcher, que afirmó que sin esa ayuda habrían sufrido más bajas
El episodio de Tierra del Fuego
Otro de los pasajes centrales es el fallido operativo del SAS sobre Río Grande, en Tierra del Fuego. La misión fue abortada y parte del grupo terminó refugiándose en Chile, donde se produjo un rescate que los autores consideran una de las escenas más sensibles de toda la guerra
El libro también rescata el caso del buque chileno Piloto Pardo, que recuperó los cuerpos de dos soldados argentinos muertos tras el hundimiento del Belgrano. Para los periodistas, ese episodio representa un gesto excepcional de humanidad en medio del conflicto
Pinochet, Merino y Matthei
Según el relato reconstruido, Augusto Pinochet buscó mantener distancia formal mientras Merino y el general Fernando Matthei empujaban la cooperación con Londres. Ambos, aseguran los autores, quedaron como figuras decisivas en el sostén secreto a la campaña británica
La investigación deja abierta otra capa del caso: documentos aún no desclasificados en Chile y el Reino Unido. Para Avendaño y Palma, todavía faltan piezas para comprender por completo hasta dónde llegó ese vínculo entre la dictadura chilena y la estrategia británica en Malvinas