BETLEHEM, Sudáfrica. Quince grandes felinos que vivían en el exzoológico de Luján ya están en Lionsrock, un santuario ubicado en el centro de Sudáfrica sobre 1200 hectáreas, de las cuales 70 fueron acondicionadas como recintos para animales rescatados
Con esta nueva llegada, el lugar alberga ahora a 95 felinos bajo el cuidado de Four Paws, una organización que reúne animales rescatados de zoológicos, circos, conflictos armados, cotos de caza y también del mascotismo
El traslado comenzó el lunes desde el aeropuerto de Ezeiza. En total salieron 30 felinos: 15 con destino a Sudáfrica y otros 15 rumbo al Wild Animal Sanctuary, en Denver, Estados Unidos
Los animales que viajaron a Lionsrock hicieron escala en Frankfurt y fueron transportados en cajas de acero con puertas guillotina, ventilación, espacios para alimento y agua, y una base de madera que ayuda a mantenerlos secos durante el viaje
Después de aterrizar en Johannesburgo, las cajas fueron cargadas en tres camiones y llevadas hasta Bethlehem, a unas tres horas de Pretoria y cuatro de Johannesburgo
La llegada se produjo al anochecer. El equipo del santuario, incluida su directora, Hildegard Pirker, recibió a los animales y la primera medida fue ofrecerles agua. Como ya era tarde, las jaulas no pudieron descargarse y los felinos fueron revisados desde las puertas para que pudieran beber y comer
Al amanecer de este miércoles, las primeras en salir fueron cuatro tigresas. El proceso fue breve y cuidadoso: en esta primera etapa permanecen en un recinto más chico, pensado para controlarlas, alimentarlas e hidratarlas tras el viaje
Luego de alrededor de un mes de adaptación, pasarán a un espacio mucho más amplio. Como todos nacieron en cautiverio, la transición será lenta: son animales criados en contacto permanente con personas y con escaso desarrollo de sus conductas naturales
En el caso de las tigresas, volverán a estar juntas porque convivieron toda su vida. Tres salieron enseguida; la cuarta demoró más antes de animarse a abandonar la caja
Más tarde fue el turno de los leones, ubicados en otro sector del santuario. Allí quedaron primero en un recinto pequeño, conectado con el espacio definitivo de unas tres hectáreas
Los más tranquilos olfatearon el ambiente, observaron el entorno y comenzaron a explorar. Los que habían compartido vida en Luján seguirán juntos durante el resto de sus días
En algunos ejemplares ya se notan las marcas del encierro. Bella, una de las leonas, tiene las orejas muy pequeñas por una larga infección; Brine presenta un problema en la mandíbula
Lionsrock fue inaugurado hace unos veinte años sobre tierras que antes funcionaban como coto de caza. Cuando la organización adquirió el predio, decidió conservar a los animales que ya estaban allí. Hoy conviven en el lugar cebras, búfalos de agua y emúes, separados de los grandes felinos, además de suricatas que asoman desde sus cuevas
El objetivo del santuario es evitar que estos animales sigan reproduciéndose en cautiverio y protegerlos de la exhibición con fines de entretenimiento humano. Aquí, cada uno será el último de su linaje y podrá ser visto solo si decide mostrarse
En sus amplios recintos, con árboles y pastos altos, tendrán por fin un espacio para resguardarse y empezar a recuperar algo de su conducta salvaje