Luisa Valenzuela atiende desde la cama, en una mañana de lunes en su casa del Bajo Belgrano. Tiene 87 años, mira el cielo por la ventana y vuelve mentalmente a 1978, cuando escribió Cambio de armas, la nouvelle que abre el libro que acaba de reeditarse ampliado
Una distopía que hoy incomoda
En ese relato, una mujer sin memoria empieza a recuperar la verdad de lo que le ocurrió: secuestro, tortura y violencia política. Para Valenzuela, esa historia dialoga con el presente y con una sociedad que, según advierte, también puede ser empujada al adormecimiento por las redes, los bots y los mecanismos de manipulación pública
La autora sostiene que la literatura sigue teniendo incidencia, aunque desde otro lugar: no como lectura inmediata, sino como ejercicio de desciframiento. Lo importante, dice, es leer lo que el texto sugiere más allá de las palabras
Escribir para entender
Valenzuela explica que nunca escribe con una intención política programada, sino desde la necesidad de contar y de entender. Defiende la ficción como un territorio donde aparecen verdades que no alcanzan en la reflexión o en el ensayo
Recordó también su etapa en Crisis, durante la dictadura, su exilio en Estados Unidos y el modo en que algunos textos quedaron guardados durante años antes de publicarse. Ahora, junto con otras reediciones, su obra se reúne en una biblioteca editorial que busca recuperar y ordenar una producción extensa y todavía en curso
El tiempo como disputa
Desde su casa, que fue una fábrica abandonada y hoy es hogar, Valenzuela describe días tranquilos: camina, lee, ve amigos y escribe cuando aparece ese ritmo interior que la lleva a trabajar sin mapa previo. También habla de la dificultad de conservar tiempo propio en una época saturada de estímulos
Para ella, la literatura sigue siendo una defensa del pensamiento y de la imaginación frente a discursos que simplifican o deforman la realidad. Al final, remata con una advertencia: si no se mira el presente desde un lugar creativo, la realidad termina devorándolo todo