En las últimas semanas, Luiz Inácio Lula da Silva intensificó sus contactos con referentes clave del escenario global. Habló por teléfono con Xi Jinping, Vladimir Putin y, el viernes pasado, con Donald Trump
La secuencia, impulsada por el Palacio del Planalto, buscó mostrar a un presidente brasileño con llegada internacional y desmentir la idea de que está aislado o sin respaldo externo. Según fuentes oficiales en Brasilia, nuevas llamadas ya están en preparación
Una campaña con margen estrecho
El movimiento ocurre a menos de un mes y medio de las elecciones presidenciales del 4 de octubre. En Brasil crecen las versiones sobre una disputa muy pareja, con una eventual segunda vuelta que podría resolverse por poco margen
En ese clima, también aparece otra preocupación: que un eventual triunfo de Lula no sea reconocido por el gobierno de Estados Unidos y que esa postura encuentre eco en aliados regionales de Trump
La llamada con Trump
La conversación entre Lula y Trump duró más de una hora y empezó con comentarios informales sobre la elección brasileña. El mandatario estadounidense preguntó por el proceso y Lula respondió que todo marcha bien
Según fuentes oficiales brasileñas, el diálogo fue cordial y no incluyó temas sensibles que habían generado tensión en las semanas previas, como la visa de la embajadora brasileña en Washington ni la demora en las credenciales del embajador designado por Trump para Brasilia
La charla se dio sin la participación de Marco Rubio, lo que en Brasil fue leído como una señal de que Trump se mantiene al margen de los detalles más pequeños de la relación bilateral y deja más margen de acción a su secretario de Estado
Señales cruzadas desde Washington
La llamada reactivó el contacto al más alto nivel entre ambos países, tras dos subas arancelarias y medidas diplomáticas que Brasil considera contrarias a normas internacionales como la Convención de Viena
Pero en Brasil no creen que eso alcance para frenar nuevas presiones. En el entorno de Lula sostienen que el Departamento de Estado mantiene una línea propia, más dura con Brasil, y que actúa guiado por razones ideológicas
De hecho, después de la visita de Lula a Washington, la Receita Federal quiso enviar una misión técnica a Estados Unidos para reunirse con sus pares del IRS. Esa misión seguía un pedido del propio presidente brasileño, que había propuesto crear grupos de trabajo sobre crimen organizado, lavado de dinero y tráfico de armas
Según fuentes brasileñas, la respuesta fue negativa: no era momento de dar buenas noticias a Brasil
Un vínculo inestable
La relación entre Lula y Trump sigue siendo imprevisible. En el gobierno brasileño reconocen que el buen tono de una conversación no garantiza estabilidad en los días siguientes
El viernes, funcionarios de comercio de ambos países retomaron contactos y prevén una nueva reunión virtual. Aun así, en Brasil no descartan más movimientos en contra desde Washington
El panorama regional también cambió. Lula apuesta a un pragmatismo con nuevos gobiernos de derecha en América Latina y a lo que en su entorno llaman “regionalismo posible”, una estrategia que separa la disputa ideológica de la relación entre Estados
En ese esquema, algunos gestos diplomáticos recientes dejaron a Javier Milei más aislado en su pulseada con el presidente brasileño
Recta final y tensión interna
La campaña brasileña entra en su tramo decisivo. Este jueves habrá un primer debate presidencial sin Lula ni Bolsonaro, aunque todo indica que ambos volverán a cruzarse en la segunda vuelta
Lula llega a ese tramo con una ventaja leve, pero sin garantías. Enfrenta cuestionamientos por la economía, el desgaste político y las investigaciones que involucran a su hijo mayor, Fábio Luís Lula da Silva, conocido como Lulinha, en tres causas por presunto tráfico de influencias y corrupción
Con ese frente abierto, el presidente brasileño busca apoyos afuera para resistir una pelea que, dentro y fuera de Brasil, promete ser feroz