Leme, la primera autoficción de Madalena Sá Fernandes, llega al español después de alcanzar diez ediciones desde su publicación en Portugal, en 2022. El libro, traducido por Pilar Altinier y editado por Metalúcida, tiene un precio de $29.000

Sá Fernandes nació en Lisboa en 1993. Primero ganó popularidad como bloguera y luego trabajó como cronista en el diario Público. Es licenciada en Lenguas, Literaturas y Culturas por la Universidad Nova de Lisboa. En 2024 publicó Deriva, un volumen de crónicas y perfiles, y este año presentó Sótão, su segunda autoficción

Una historia que se impuso durante la escritura

La autora comenzó pensando en una novela de ficción, pero un personaje de su propia infancia empezó a ocupar cada relato que intentaba construir. Era su padrastro, trasladado al libro bajo el nombre de Paulo: un artista reconocido, inestable y obsesionado con imponer el orden

La violencia aparece en escenas de discusiones que se repiten como ciclos. El hombre abandona momentáneamente los gritos, se encierra para preparar sus argumentos y vuelve a la casa con nuevas acusaciones, insultos y golpes contra las puertas

La novela se inicia con la muerte de Paulo y retrocede hacia la infancia de la narradora. La intriga no está en saber qué ocurrió con él, sino en observar cómo su presencia continúa actuando sobre quienes convivieron con él, incluso después de su desaparición

Escribir para volver legible el pasado

Para Sá Fernandes, poner la experiencia en palabras modificó su relación con lo vivido. El proceso tuvo puntos de contacto con el psicoanálisis: detenerse, escuchar de otro modo y encontrar asociaciones que antes no eran visibles

La autora sostiene que la experiencia que origina el libro es real, al igual que el miedo, las contradicciones afectivas y la dificultad de comprender lo que sucedía dentro de la casa. Sin embargo, reconoce que toda memoria tiene límites

La escritura selecciona el comienzo y el final de una escena, decide qué palabras utilizar y establece vínculos entre distintos momentos. Esa elaboración crea una distancia entre la vida y el libro, aunque la primera persona conserva tanto lo que permite ver como aquello que deja fuera

Del recuerdo desordenado a la estructura

El primer impulso de escritura siguió el movimiento de la memoria. Una escena llevaba a otra y un detalle podía abrir un episodio que parecía olvidado. Los recuerdos más dolorosos aparecían con facilidad; el desafío consistió en recuperar los momentos pequeños que habían quedado ocultos detrás de la violencia

Después llegó el montaje: ordenar los fragmentos, decidir cuánto debía durar cada escena y encontrar pausas entre episodios de distinta intensidad. El ritmo surgió del diálogo entre lo que imponía el recuerdo y lo que la escritura descubría al organizarlo

La violencia también organiza la infancia

Sá Fernandes considera que la violencia doméstica sigue siendo un problema grave en Portugal. Allí se la considera un delito público, por lo que la investigación no depende de una denuncia de la víctima. También existen redes de apoyo, refugios, órdenes de alejamiento, sistemas de teleasistencia y programas destinados a agresores

Pero su principal preocupación está en el período anterior al reconocimiento de la violencia. El control puede parecer preocupación, los celos pueden confundirse con amor y la humillación puede atribuirse a un carácter difícil. Mientras esas señales permanecen sin nombrarse, la vida de quien las padece se vuelve cada vez más estrecha

En ese contexto, la escritora subraya la necesidad de educación afectiva, autonomía económica y escucha. También reclama una mirada específica sobre los niños: ellos perciben lo que ocurre desde otra habitación, interpretan los silencios y aprenden a anticipar el estado de ánimo de los adultos. Esa adaptación permanente también produce daño

Una voz contenida y sin figuras simples

La distancia narrativa se construyó mediante una prosa precisa y contenida. La autora buscó que la explicación adulta no desplazara la percepción de la niña, que puede reconocer el peligro aunque todavía no consiga comprender sus causas

También evitó presentar a los personajes de manera esquemática. Paulo es violento, pero en ocasiones tiene gestos de cuidado; la niña queda atrapada en esa contradicción. Mostrar ambas dimensiones permite comprender su desconcierto sin relativizar la responsabilidad del agresor

El título reúne varias imágenes. Leme significa “timón” en portugués y alude a la posibilidad de intervenir en el rumbo de la propia vida después de haber estado sometida durante mucho tiempo a la voluntad de otra persona. También remite al poema O Mostrengo, de Fernando Pessoa, y al barrio de Río de Janeiro donde la autora vivió, una de las primeras geografías asociadas con su autonomía

La mirada de la cronista

Su trabajo como cronista también dejó una huella en el libro. Durante los años que vivió en Brasil, Sá Fernandes descubrió una tradición capaz de convertir una conversación, una escena familiar o un contratiempo en materia literaria

Esa formación la llevó a confiar en los detalles, las escenas breves y el peso de una frase cotidiana. En Leme, un gesto puede revelar una relación con más fuerza que una explicación extensa

La publicación también implicó enfrentar el temor a la reacción de su familia. La autora explica que quienes comparten una historia pueden conservar recuerdos diferentes: una persona retiene con claridad una escena que otra ya no recuerda. Al hacerse público el libro, esas diferencias quedan expuestas

La recepción de los lectores la conmovió especialmente por los relatos personales que comenzó a recibir. Algunas personas encontraron en la novela una posibilidad de hablar sobre experiencias semejantes; otras reconocieron sentimientos y contradicciones pese a haber vivido historias distintas