Un gesto que alimenta la confrontación

No está claro todavía qué tipo de alcalde será Zohran Mamdani, pero su reciente decisión de anunciar que buscaría detener a Benjamin Netanyahu si el primer ministro israelí viajara a Nueva York dejó una señal inquietante. En una ciudad donde conviven grandes comunidades judías y musulmanas, la tarea natural para un dirigente con vocación de liderazgo sería acercarlas, no convertir el conflicto de Medio Oriente en un arma política local

La amenaza de Mamdani carecía de sustento legal, algo que luego quedó admitido, pero aun así funcionó como un mensaje útil para Netanyahu. El dirigente israelí puede aprovechar ese tipo de declaraciones para reforzar su narrativa de amenaza permanente y presentarse ante su electorado como el único protector posible de los judíos israelíes

Dos maximalismos que se retroalimentan

El problema de fondo no es solo Mamdani. Su postura y la de Netanyahu se parecen en un punto esencial: ambos desprecian, en la práctica, la idea de una solución estable basada en dos Estados

Netanyahu no reconoce el derecho palestino a la autodeterminación y actúa como si todo el territorio entre el Mediterráneo y el Jordán debiera quedar bajo control israelí. Mamdani, por su parte, no reivindica con claridad el derecho judío a un Estado propio en esa misma región

En esa lógica, ninguno de los dos ofrece un horizonte político viable. Los palestinos no van a desaparecer ni a renunciar a su derecho a un Estado, del mismo modo que los judíos israelíes no van a dejar de reclamar un Estado judío. Persistir en esa negación solo prolonga una guerra sin salida

Lo que sí podría haber hecho

Si Mamdani quisiera ejercer como puente entre israelíes y palestinos, tendría a su alcance una agenda mucho más útil. Podría haber convocado, el mismo día de la visita de Netanyahu, a un encuentro en su oficina con voces israelíes, palestinas, árabes, musulmanas y judías para discutir una salida basada en dos Estados separados para dos pueblos

También podría haber sumado a figuras y espacios que trabajan en esa dirección: la Iniciativa de Paz Árabe, impulsada por Arabia Saudita; ex presidentes estadounidenses que promovieron planes de dos Estados; dirigentes palestinos que impulsaron instituciones estatales; organizaciones mixtas de judíos y árabes dentro de Israel; iniciativas de cooperación ambiental entre israelíes, palestinos y jordanos; y nuevas fuerzas políticas que buscan una alianza árabe-judía real, no simbólica

Una política que construye en lugar de incendiar

Entre esos ejemplos aparece también un nuevo partido israelí formado por palestinos israelíes y judíos israelíes, con una plataforma explícita a favor de terminar la ocupación y permitir un Estado palestino independiente junto a Israel. Ese tipo de experiencias, junto con el trabajo de organizaciones de seguridad israelíes retiradas que rechazan la anexión de Cisjordania, muestran que todavía existen actores dispuestos a pensar en una solución política y no en una guerra interminable

Incluso una figura pública como Natalie Portman puede ayudar a iluminar ese camino cuando respalda esfuerzos conjuntos y habla de convivencia, derechos y futuro compartido. Ese es el contraste central: hay liderazgos que alimentan el miedo y otros que intentan organizar la esperanza

El costo de una provocación

La apuesta de Mamdani no acerca ninguna solución. Por el contrario, ayuda a Netanyahu a reforzar su mensaje de asedio y empuja a más votantes israelíes hacia la derecha dura. En lugar de debilitar la polarización, la convierte en capital político para quienes viven de ella

Si su intención era sumar relevancia pública, lo consiguió. Si su objetivo era ayudar a abrir una vía seria hacia la convivencia, hizo exactamente lo contrario. Fue un gasto innecesario de talento, de cargo y de tiempo