Martha Alles mira el horizonte y habla como quien revisa una vida completa sin sentir que nada se apaga. Autora, conferencista, consultora, contadora, doctora en Administración, madre, abuela y compañera de vida de Juan Carlos, entiende esta etapa como el inicio de otra vuelta
1962, el año bisagra
Su historia personal tiene un punto de quiebre claro: 1962. Entonces tenía 15 años, vivía en Esquina, Corrientes, y cursaba la escuela en una rutina marcada por la calma del interior, las lecturas, los vestidos hechos por su madre y los sueños de llegar lejos
Un día volvió del colegio y su vida cambió de golpe. Salió rumbo a Buenos Aires con su madre, apenas con un bolso y un futuro incierto por delante. La mudanza implicó duelo, adaptación y una nueva realidad: una casa precaria, calles de tierra, falta de luz eléctrica durante el primer año y el peso de las burlas por su tonada
El libro que reconstruyó la memoria
Ese tramo de su vida quedó plasmado en 1962, un libro que no nació de un impulso inmediato, sino de un proceso largo, cambiante y retomado varias veces. Alles cuenta que fue una escritura distinta a la de sus obras habituales y que necesitó ordenar recuerdos, contexto y sentido
Parte de la historia surgió de la memoria; otra, de la investigación. No recordaba todo con exactitud, pero sí imágenes, objetos, telas, colores y escenas. Con eso y con trabajo de búsqueda, reconstruyó un relato personal que también retrata costumbres, clima social y hábitos de otra Argentina
Escribir para los sub 40
Alles también se pregunta para quién escribe en un mercado saturado. Su respuesta apunta a los más jóvenes: quienes empiezan su carrera, quienes terminan la secundaria y deben elegir camino, quienes todavía están a tiempo de detectar oportunidades
En tiempos de comunicación instantánea e inteligencia artificial, considera valioso mostrar cómo era la vida antes de esta etapa tecnológica y contarla desde una experiencia vivida, no desde la mirada de un historiador
Rebeldía con propósito
La autora vuelve sobre una idea que atraviesa su relato: la rebeldía. Dice que todos los jóvenes alguna vez sienten que llegaron al mundo para romper todo, pero aclara que no se trata de destruir por impulso, sino de elegir el momento y el sentido
Para ella, la clave está en detectar esas oportunidades que a veces aparecen en algo mínimo, como un comentario al pasar. Desde ahí, sostiene, puede abrirse una puerta decisiva. No siempre hay magia al comienzo, pero sí puede haberla al final