Martín Kohan atiende un teléfono antiguo, de los que solo sirven para hablar y enviar mensajes de texto. Está en un bar de Palermo, su lugar elegido para trabajar lejos de las distracciones. Dice que en su casa la conexión permanente le resulta imposible de sostener: le atrae demasiado
Ese interés por la tecnología atraviesa La separación, su última novela, donde Fernando deja a su pareja y viaja desde Retiro hasta La Paz, en Córdoba, para visitar a su hermano recién separado. El relato sigue un trayecto breve en apariencia, pero cargado de silencios, esperas y pequeñas tensiones que van armando una historia sobre la intimidad y la distancia
El teléfono como objeto y como experiencia
Para Kohan, llamar teléfono a un dispositivo que ya no cumple solo esa función revela un desajuste entre las palabras y las cosas. En ese corrimiento ve algo más profundo: los cambios tecnológicos no solo modifican hábitos, también alteran la manera de percibir, de atender y de vincularse con los demás
El escritor sostiene que el aparato actual mezcla en una sola pantalla lo que antes estaba separado: lectura, aviso, distracción y urgencia. Por eso le parece cada vez más difícil sostener la concentración. También observa que en el aula los estudiantes no usan simplemente un teléfono: miran imágenes, responden estímulos y pasan de una atención a otra sin pausa
La separación y el desamor
En la novela, el vínculo entre los hermanos y el recuerdo de la pareja anterior aparecen atravesados por una misma lógica: la ausencia no borra del todo la presencia. Kohan dice que el teléfono combina intimidad y distancia, y que esa mezcla le interesa porque permite decir cosas que cara a cara no siempre salen
También le importa narrar lo que parece no pasar. En ese viaje en apariencia quieto, sostiene, el tiempo avanza y algo se mueve. Allí encuentra una de las claves del desamor: quien fue dejado vuelve una y otra vez sobre la misma pregunta, intentando entender qué ocurrió
Infancia, memoria y política
El escritor enlaza esa preocupación con otros libros suyos, como Me acuerdo, Ciencias morales y Bahía Blanca. En todos aparece, de un modo u otro, la memoria: la infancia como juego amoroso, la dictadura como clima o presencia lateral, y la relación entre ficción y experiencia como una forma de pensar lo real sin reducirlo al testimonio
En La separación, incluso las elecciones del fin de semana en que transcurre la historia funcionan como una marca de fondo: la política está, pero casi borrada. Esa ausencia, dice Kohan, también forma parte del desamor. Porque cuando el vínculo se quiebra, cuesta pensar en cualquier otra cosa
La novela está construida en tres partes y con tres voces, como si diera vueltas alrededor de una escena imposible de cerrar. Kohan encuentra ahí una manera de mirar el amor desde todos sus ángulos sin obtener una respuesta definitiva. Y quizás por eso la historia sigue creciendo: porque, al final, nadie termina de saber cómo se acaba el amor