BRUSELAS.- Los robos de obras de arte en Europa muestran un giro preocupante: más violencia, menos especialización y un interés creciente por el oro, las joyas y otros objetos fáciles de revender. Así lo advierte un informe policial difundido este lunes

El caso del Museo del Louvre, en París, ocurrido en octubre del año pasado, aparece como uno de los ejemplos más claros de esta tendencia. Durante el atraco, los ladrones amenazaron a guardias y visitantes y se llevaron joyas valuadas en 88 millones de euros, entre ellas la tiara de la emperatriz Eugenia

Del sigilo a la irrupción violenta

Según el informe, en los últimos dos años los delincuentes han desplazado su interés hacia metales preciosos, joyas y bienes culturales con mejor salida comercial. El oro, en particular, ganó atractivo por su fuerte revalorización: subió 85% en ese período

La agencia también advierte que los autores de estos ataques ya no responden al clásico de bandas organizadas con liderazgo central y conocimientos técnicos. En su lugar, aparecen grupos improvisados, dispersos y reclutados a través de redes sociales bajo un esquema de “delito como servicio”

Para los asaltos, emplean herramientas como mazos, hachas, palancas y, en algunos casos, explosivos. El objetivo es romper vitrinas o accesos en poco tiempo y extraer piezas que puedan convertirse rápidamente en dinero

Objetos fáciles de ocultar y vender

El informe señala que los metales preciosos tienen una ventaja para los criminales: pueden fundirse sin dejar rastros, lo que complica la investigación. En el caso de las joyas, las piedras preciosas suelen separarse y venderse por fuera de la pieza original

Entre los episodios recientes figura el robo, en enero del año pasado, de un casco dorado dacio de 2.500 años y tres brazaletes de oro antiguos en un museo de los Países Bajos. Los objetos fueron recuperados y devueltos a Rumanía, aunque uno de los brazaletes continúa desaparecido

El documento también detecta un aumento de los robos de porcelana china antigua, como jarrones de la dinastía Ming, impulsado por la alta demanda en el mercado ilegal