La melatonina se volvió una de las opciones más elegidas por quienes buscan dormir mejor, en especial por su fácil acceso y su presentación en formatos como gomitas. Pero su consumo repetido y sin supervisión puede interferir con los mecanismos naturales del organismo

Esta hormona se produce de manera natural cuando baja la luz ambiental y cumple una función clave: avisar al cuerpo que es momento de iniciar la noche. Por eso, su eficacia no depende solo de tomarla antes de acostarse, sino también de la dosis, el horario y las características de cada persona

Efectos que pueden aparecer con el abuso

Cuando se usa en exceso o sin indicación médica, la melatonina puede provocar náuseas, mareos, irritabilidad, sueños muy intensos, desorientación, molestias digestivas, dolor de cabeza, somnolencia diurna y menor capacidad de atención

Especialistas en el área advierten que un uso prolongado también puede llevar a que el suplemento se transforme en una rutina automática, aun sin haber identificado la causa real del problema de sueño. En ese escenario, el descanso queda atado a la toma del producto y puede aparecer una dependencia psicológica

Insomnio crónico: no es la respuesta principal

Frente a cuadros de insomnio que se mantienen en el tiempo, la melatonina no suele ser la solución de base. El abordaje de primera línea sigue siendo la terapia psicológica, mientras que cualquier tratamiento hormonal debe ser evaluado por un médico según la edad, el trastorno específico y el estado general de cada paciente

La recomendación central es no convertir la melatonina en una respuesta automática para dormir todas las noches. Antes de sostener su uso, conviene revisar por qué aparece el problema de sueño y definir la alternativa más adecuada para cada caso