Montecito, en la costa de California, vuelve a recuperar parte de la calma que lo caracteriza. Tras años bajo una atención inusual, el pueblo se prepara para ver partir a Harry y Meghan, cuya presencia cambió la rutina local desde que se instalaron allí en 2020
Un vecindario acostumbrado a la discreción
La comunidad, conocida por su privacidad y por albergar a figuras de alto , recibió la llegada de los Sussex con reservas. La compra de una propiedad valuada en 14,7 millones de dólares atrajo fotógrafos, helicópteros y una exposición mediática que muchos residentes consideraron excesiva
Con el paso del tiempo, varios vecinos defendieron la intimidad del barrio y marcaron límites frente a la prensa. Otros, en cambio, dijeron haber visto con normalidad al príncipe paseando por la playa con sus hijos y valoraron que la convivencia se mantuviera sin sobresaltos
Entre el impulso económico y el cansancio local
La presencia de la pareja también dejó beneficios concretos para la zona. La oficina de turismo promovió Montecito como destino vinculado al atractivo real, mientras que la serie With Love, Meghan dio visibilidad a comercios y servicios de la región
Aun así, no todas las voces fueron favorables. Algunos residentes sostienen que el aumento de interés encareció la vida cotidiana y alteró el espíritu tranquilo del lugar. Para ellos, la partida de los Sussex marca el cierre de una etapa incómoda
Una despedida que no parece definitiva
El regreso al Reino Unido no implica un adiós completo a California. De acuerdo con los reportes, la pareja conservará su casa en Montecito, lo que deja abierta la posibilidad de volver y mantiene vivo el vínculo con la costa del Pacífico