La muerte de Mohammad Ghamira, un hombre de 29 años con una enfermedad grave, volvió a poner en el centro del debate en Siria las denuncias por torturas y malos tratos en centros de detención

Ghamira, padre de dos hijos y exvoluntario de los Cascos Blancos, murió el domingo en un hospital de Latakia después de haber sido liberado de la cárcel. Había sido detenido días antes por una acusación de robo vinculada con una suma de dinero, según informó la seguridad interna en la provincia

Señalamientos de una golpiza

El ministro sirio de Emergencias y Gestión de Desastres afirmó que el joven falleció por complicaciones de una hemorragia cerebral y digestiva, derivadas de una golpiza recibida tras su detención en la comisaría de al-Haffah. Sus familiares dijeron que padecía hemofilia, una condición que dificulta la coagulación de la sangre, y que advirtieron a la policía sobre ese riesgo

El Ministerio del Interior anunció una investigación y dijo que siete integrantes de la cartera quedaron detenidos para declarar. Su vocero reconoció fallas en algunas dependencias policiales, aunque sostuvo que otras cumplen funciones destacadas

Viejas heridas, nuevas denuncias

Organizaciones de derechos humanos advierten que el caso no es aislado. Un informe de la Comisión Internacional Independiente de Investigación sobre Siria documentó torturas y malos tratos en decenas de centros oficiales y provisionales entre enero y octubre de 2025, con golpes, descargas eléctricas, simulacros de ejecución y violencia sexual entre las prácticas registradas

Otro relevamiento reciente de una organización siria sostuvo que las golpizas severas, las amenazas, la humillación y las muertes bajo custodia siguen siendo frecuentes en manos de distintos actores de seguridad y militares. Para familias de personas que desaparecieron o murieron durante el régimen de Bashar al Assad, la muerte de Ghamira reabrió una herida que nunca terminó de cerrar