La perfiladora criminal Constanza Lamarque sostuvo que todavía existe una resistencia social a pensar que una madre pueda agredir de forma extrema a sus hijos. Al analizar la muerte de Isabella, la niña de dos años encontrada sin vida en Villa Gesell, señaló que hay antecedentes y bibliografía especializada sobre este tipo de casos, aunque con motivaciones muy distintas entre sí

Según su lectura, en la causa podrían observarse rasgos vinculados con una personalidad antisocial, asociada a una necesidad de control y dominio. De todos modos, aclaró que se trata de una interpretación conductual preliminar y que no puede hablarse de diagnóstico sin una evaluación profesional de la persona investigada

La barrera cultural frente a estos casos

Lamarque advirtió que suele instalarse un tabú cuando una madre aparece ligada a la muerte de uno de sus hijos. En ese marco, recordó que existen numerosos casos de madres que matan a sus hijos y que no siempre responden a una misma lógica

Entre los ejemplos que mencionó, incluyó los neonaticidios, que pueden relacionarse con ciertos trastornos mentales o puerperales, y también los homicidios llamados altruistas, en los que la persona cree de manera distorsionada que matar a sus hijos es una forma de salvarlos de un escenario catastrófico

Una lectura sobre control y sometimiento

En relación con el caso de Villa Gesell, la especialista planteó que una lectura de la conducta atribuida a la persona investigada permitiría pensar en una necesidad psicológica centrada en el control. También mencionó presuntos mecanismos de sometimiento, como la violencia física y las amenazas

Consultada sobre la idea de una personalidad antisocial, dijo que esa caracterización no implica todavía un diagnóstico formal. Según explicó, se usa ese término porque aún no se realizó una evaluación clínica de la persona involucrada

Qué es el síndrome de Münchhausen por poder

Lamarque explicó que este síndrome aparece cuando un cuidador inventa, provoca o exagera síntomas y enfermedades en una persona bajo su responsabilidad. Señaló que, aunque las estadísticas muestran mayor presencia de mujeres, el comportamiento no es exclusivo de las madres

Describió que, en estos casos, el adulto puede administrar remedios o incluso venenos para forzar consultas médicas reiteradas. A diferencia de hechos impulsados por un beneficio económico, aquí habría una necesidad psicológica: presentarse ante los demás como una figura heroica, abnegada y dedicada por completo al cuidado de un niño enfermo

La diferencia central, indicó, es que en el síndrome de Münchhausen por poder el cuidador suele necesitar que el niño siga con vida, pero enfermo, para sostener esa imagen de protección y entrega