La muerte de Tommy John provocó una ola de homenajes en el mundo del béisbol a una figura que, además de construir una carrera de 26 temporadas en las Grandes Ligas, quedó asociada para siempre a una cirugía que cambió el deporte
John ganó 288 partidos y fue el primer lanzador en regresar con éxito después de una operación de codo pionera, posteriormente conocida con su nombre. Para muchos de sus ex compañeros y rivales, su verdadero legado excede por completo esa referencia médica
Un pionero dentro y fuera del montículo
El mánager de los Yankees, Aaron Boone, pidió que se lo recuerde por la dimensión de su carrera y no solo por la lesión que terminó definiendo una parte de su identidad pública. Gerrit Cole, también de los Yankees, lo describió como un trailblazer, un adelantado que abrió un camino desconocido para generaciones posteriores
Keith Hernandez resaltó su calidad como lanzador, su fe y su personalidad, y sostuvo que merece estar en el Salón de la Fama. En la misma línea, Ned Colletti recordó que durante décadas su nombre quedó ligado a las conversaciones sobre Grandes Ligas y remarcó que todavía falta reconocerlo en Cooperstown
Recuerdos de respeto y gratitud
También hubo mensajes de admiración desde el plano institucional y médico. Los Yankees subrayaron su competitividad, su habilidad, su carácter amable y su condición de pionero atlético y sanitario
El congresista Roger Williams lo despidió como uno de los grandes zurdos de todos los tiempos, mientras que Jeff Urlaub y el doctor Chris Ahmad agradecieron el impacto de su decisión y el efecto que tuvo en la carrera de innumerables lanzadores lesionados
John dejó una huella doble: la de un pitcher ganador y la de un hombre que ayudó a transformar la medicina deportiva. Su nombre quedó incorporado al vocabulario del béisbol, pero también a su historia más profunda