Conducir no es solo una forma de trasladarse. Para muchas personas también significa autonomía, rutina e independencia
Pero con el paso del tiempo pueden aparecer cambios físicos o cognitivos que afectan la seguridad al volante. Por eso, aunque el debate suele girar en torno a la edad, la ley argentina no fija un límite etario para dejar de manejar
La edad no define por sí sola la salida del volante
La normativa vigente no obliga a abandonar la conducción por cumplir años. Lo que sí hace es endurecer los controles de renovación de la licencia a medida que aumenta la edad del conductor
En términos generales, desde los 65 años los requisitos suelen volverse más estrictos según la jurisdicción. Y a partir de los 70, el registro debe renovarse cada año
Qué pide la renovación
Para seguir habilitado, el conductor debe cumplir con controles adicionales. Entre ellos figuran una declaración jurada sobre antecedentes físicos, cardiológicos, neurológicos, psicopatológicos o sensoriales, además de un examen psicofísico, una evaluación teórica y una prueba práctica
La continuidad al volante no depende entonces de la edad cronológica, sino de la capacidad real para manejar sin riesgo
Las señales que más preocupan
Un estudio conjunto realizado en España y difundido por organismos de tránsito advirtió que el deterioro cognitivo asociado al envejecimiento puede elevar el riesgo de conducción. El trabajo remarcó, sin embargo, que el objetivo no es limitar la movilidad de los adultos mayores, sino evitar que manejen cuando eso pueda ser peligroso para ellos o para otros
La investigación también mostró que dejar de conducir suele ser un proceso sensible. Entre quienes participaron, la edad promedio de abandono fue de 75 años, aunque ese dato solo refleja un promedio y no un límite recomendado
Los principales motivos fueron las condiciones médicas, los problemas de memoria, las dificultades para maniobrar el vehículo y los diagnósticos de demencia
El peso de la familia y el impacto emocional
El estudio detectó además que muchas veces la decisión no es completamente propia. Un alto porcentaje de exconductores reconoció que dejó de manejar por sugerencia o presión del entorno
Entre los familiares consultados, la mayoría sostuvo que la salida del volante fue involuntaria, sobre todo por dificultades cognitivas, limitaciones físicas o cuadros de demencia
El impacto emocional también fue fuerte. Para muchos, dejar de manejar se asocia con pérdida de independencia, malestar y la sensación de quedar excluidos de la vida cotidiana
Cómo seguir manejando con más seguridad
Si una persona mayor continúa conduciendo, la recomendación es mantener los controles médicos al día y seguir las indicaciones profesionales. También se aconseja viajar acompañado cuando sea posible, evitar horarios de mucho tránsito, no manejar de noche ni en condiciones climáticas adversas y prestar atención a los efectos de los medicamentos
En síntesis, no es la edad la que define cuándo alguien debe dejar de conducir. Lo determinante es si conserva las condiciones físicas y cognitivas necesarias para hacerlo con seguridad