Noemí “La Tana” Alan cuenta una historia que va de un conventillo en La Boca al estrellato de la televisión argentina en los años 80. En ese recorrido aparecieron la fama, las frases que quedaron en la memoria popular, la exposición extrema y también un costado oscuro hecho de violencia familiar, pérdidas y aislamiento
La actriz recuerda una infancia humilde primero en Costanera Sur y después en La Boca, donde vivió con su madre y sus hermanos en una casita armada en el patio de un conventillo. Su padre era alcohólico y ejercía violencia sobre la familia. La separación, dice, no fue el problema; el alivio llegó cuando su madre decidió irse
La actuación como salida
La timidez la llevó al teatro. Una beca con Carlos Gandolfo le abrió el camino y después siguió con Lito Cruz y Carlitos Moreno
Más tarde, una entrevista improvisada la puso frente a Porcel, que la quiso para la revista, aunque ella se negó a debutar desnuda. Esa negativa la acercó a Juan Carlos Calabró, con quien terminó trabajando primero en un casting y luego en un programa donde pasó cuatro años sin contrato fijo
En esa etapa empezó a consolidar su carrera y a vivir de la actuación. Más adelante, su presencia en Mar del Plata y en distintas temporadas de teatro terminó de convertirla en una figura popular
En la televisión y el escenario llegaron los momentos de mayor exposición, cuando el público la reconoció por su sensualidad y por frases que se volvieron parte del lenguaje de la época, como “¿Facciamo il reportaggio?” y “La tanguita, la próxima semanita”
El precio de la fama
Alan recuerda que el éxito también trajo insinuaciones y relaciones condicionadas por el dinero y el poder. En ese tiempo llegó a vivir mejor, pudo ayudar a su madre y comprarle un departamento para asegurarle un lugar propio
Pero el quiebre más duro vino después de una foto tomada en una actividad a beneficio para excombatientes. En la imagen apareció junto a Jorge “El Tigre” Acosta, al que ella no conocía ni identificaba. La publicación recortada de esa escena la dejó asociada con un represor y desató amenazas, ataques y una cancelación que la dejó sin trabajo y sin posibilidad de explicar lo ocurrido durante mucho tiempo
Según cuenta, nadie de su entorno salió a respaldarla en ese momento. La calle le seguía dando apoyo, pero en el ambiente artístico su nombre quedó dañado. Fue una caída brusca desde la popularidad masiva hacia el silencio
Volver a empezar
Después retomó la actuación con menos brillo mediático, pero con trabajos que la hicieron bien, especialmente en novelas con papeles dramáticos. En paralelo armó una vida de familia, se casó y decidió dejar la cocaína antes de quedar embarazada. Dice que fue una decisión total, tomada para poder tener hijos sanos y después de un proceso de limpieza física y espiritual
También habla de su padre desde otro lugar. Ya adulta, lo fue a buscar cuando estaba en una mala situación y lo llevó a vivir a un terreno en San Vicente. Nunca pudo abrazarlo, pero dice que quedó en paz con los últimos años de su vida
La herida que no cierra
Otra tragedia fue la muerte de su hermano, que salió de su departamento envuelto en fuego y murió sin que ella haya podido saber con certeza qué ocurrió. Desde entonces, explica, el día de su cumpleaños dejó de ser una fecha de festejo
Noemí Alan dice que todavía sigue rehaciéndose. Pasó por internaciones cuando sintió que la estaba pasando mal y reconoció que hubo momentos en los que temió no salir adelante. Hoy mira hacia atrás como alguien que sobrevivió a una vida intensa, pública y atravesada por demasiadas marcas