La obesidad dejó de ser vista como una simple consecuencia de comer de más y moverse poco. Hoy se la entiende como una enfermedad crónica y compleja, influida por factores biológicos y psicológicos, con impacto en la salud y en la vida cotidiana

En la Argentina, el problema es masivo: según el Atlas 2025 de la Federación Mundial de la Obesidad, el 73% de los adultos tiene exceso de peso y el 39% vive con obesidad

Diagnosticar más allá del IMC

Uno de los cambios más profundos es la forma de diagnosticar. El índice de masa corporal sigue siendo una referencia útil, pero ya no alcanza por sí solo para describir el estado de salud de una persona

Ese es el punto central del Edmonton Obesity Staging System, creado por el especialista Arya Sharma. El método clasifica la obesidad según tres dimensiones: salud física, salud mental y capacidad funcional, en una escala de cinco estadios que va de 0 a 4

Así, dos personas con el mismo peso pueden requerir abordajes muy distintos. Una puede no tener complicaciones y otra presentar hipertensión, diabetes, apnea del sueño o daño de órganos

El tratamiento también cambió

La llegada de los agonistas del receptor GLP-1 aceleró otro giro decisivo. Estos medicamentos actúan sobre mecanismos ligados al apetito y ayudan a reducir la ingesta, pero no deben evaluarse solo por los kilos que hacen bajar

El objetivo del tratamiento, explican los especialistas, es prevenir complicaciones y mejorar la calidad de vida. Eso puede traducirse en mejor presión arterial, menos dolor, mayor movilidad, mejor control de la diabetes, alivio de la apnea del sueño o una mejor salud mental

Con esa lógica, el éxito no se define igual en todos los pacientes. Para algunos será controlar una enfermedad cardiovascular; para otros, revertir un hígado graso o incluso lograr un embarazo. La obesidad ya no se mide solo en la balanza: se mide en salud