Las lágrimas no solo expresan emociones: también limpian y lubrican la superficie del ojo. Cuando faltan o pierden calidad, aparece el ojo seco, un problema que se vuelve más frecuente en invierno por la combinación de aire frío, calefacción y más tiempo frente a pantallas

En una investigación que reunió a casi 11.000 personas, el 42,1% presentó esta afección. El impacto fue mayor en mujeres (45,1%) que en varones (30,8%). Los síntomas más comunes incluyen ardor, picazón, sensación de cuerpo extraño, visión borrosa, irritación, sensibilidad a la luz y, en algunos casos, lagrimeo excesivo por compensación

Una molestia común que no siempre se diagnostica

Los especialistas remarcan que el problema aumenta con la edad, sobre todo en mujeres posmenopáusicas, y que cerca del 70% de los casos se asocia con enfermedades reumáticas autoinmunes o alteraciones tiroideas. También puede aparecer en personas jóvenes, especialmente en quienes pasan muchas horas usando dispositivos

Dormir menos de 7 horas por día y superar las 6 horas diarias de exposición a pantallas agrava los síntomas. Algunos medicamentos, como gotas para glaucoma, antidepresivos o antihipertensivos, también pueden provocar sequedad ocular como efecto adverso

El impacto en chicos y adolescentes

La afección también se observa desde edades tempranas. En niños, puede manifestarse con enrojecimiento, parpadeo frecuente, cansancio visual o molestias persistentes. Si no se trata a tiempo, puede afectar la córnea y hasta provocar disminución de la visión

Además, la exposición prolongada a pantallas altera el sueño y puede favorecer la miopía. Por eso, los especialistas recomiendan prestar atención a los hábitos visuales desde la infancia y cuidar la alimentación, con especial énfasis en la vitamina A, presente en verduras y frutas como zanahoria, espinaca y calabaza

Hábitos que empeoran el cuadro

La climatización tiene un papel central. El aire acondicionado y los sistemas que resecan el ambiente reducen la humedad y empeoran la sintomatología, sobre todo si el flujo de aire apunta al rostro. También pueden influir los equipos a gas sin salida al exterior y los radiadores eléctricos. En cambio, la calefacción por agua, la losa radiante y los humidificadores generan menos impacto

La contaminación ambiental y el trabajo prolongado con la mirada fija también suman riesgo, igual que el uso continuo de lentes de contacto sin la limpieza adecuada

Tratamientos y señales de alerta

Las lágrimas artificiales son el tratamiento más habitual, pero no todas sirven para lo mismo. Los médicos recomiendan usarlas entre 3 y 4 veces por día y evitar compartirlas. En casos más severos, pueden indicarse lágrimas sin conservantes, suero autólogo o tapones lagrimales, según la causa de base

El diagnóstico se apoya en una buena consulta clínica y, si hace falta, en pruebas como el test de Schirmer. Cuando el cuadro no mejora con el tratamiento, puede ser la primera manifestación de otra enfermedad sistémica, por lo que se requieren estudios más profundos

Como medida práctica, los especialistas sugieren la regla del 20: cada 20 minutos frente a una pantalla, mirar hacia otro lado durante 20 segundos y, si es posible, enfocar a unos 20 metros. También ayuda recordar el parpadeo con aplicaciones o alertas