Un cartel sobre Camino de Cintura y avenida Olimpo anuncia la entrada a El Picódromo de Esteban Echeverría, conocido como El Pico. A simple vista parece una convocatoria más de autos, pero los domingos el lugar se convierte en punto de encuentro para familias, amigos y corredores que van por la misma idea: acelerar en una recta de 201 metros y medir reflejos, técnica y reacción
Desde 1999, el predio funciona como refugio para quienes disfrutan del ruido de motores y la competencia breve. Hay mates, picnics, asado, niños con juguetes y una tribuna de madera que se completa rápido. Los más entusiastas se arriman a la reja para ver de cerca cada largada, mientras los autos esperan turno entre parlantes, boxes improvisados y una fila que no deja de crecer
Una pista para todos los perfiles
La escena reúne a competidores muy distintos. Hay quienes van hace años, quienes debutan en busca de adrenalina y adolescentes que compiten acompañados por sus padres. También aparecen historias familiares marcadas por recuerdos personales, calcomanías dedicadas a seres queridos y una pasión que se transmite de generación en generación
Entre los casos que llaman la atención está el de una joven de 17 años que participa en la Copa Damas y marcó 7,7 segundos con su Fiat Uno. Al terminar, recibió indicaciones de su padre antes de volver a salir a pista. En otra largada, un hombre corre con su hijo de diez años, que asegura preferir estas picadas antes que la Fórmula 1
Seguridad y organización
La variedad también está en los vehículos: desde autos casi de serie hasta máquinas preparadas con escapes especiales y mejoras puntuales. Entre los modelos vistos aparecen un Chevrolet 400 RS de 600 caballos, un Peugeot 207 adaptado para picadas y un Ford Falcon con motor V6. Todos comparten una misma lógica: neumáticos con poca presión para mejorar el agarre y una puesta a punto donde cada detalle cuenta
Para correr, los requisitos incluyen casco, cinturón de seguridad, licencia habilitante, matafuegos en regla y vehículos con vidrios y puertas en condiciones. En la recta hay ambulancia, presencia policial y acceso restringido a la zona de mayor velocidad. También está prohibida la venta de alcohol, una medida pensada para sostener el carácter controlado del espectáculo
Un refugio que gana centralidad
La actividad tomó más relevancia en las últimas semanas por el cierre del picódromo de Wilde y la remodelación del Autódromo Oscar y Juan Gálvez, que dejó sin pista a otro espacio cercano. En ese contexto, El Pico quedó como una de las pocas opciones para las picadas legales en la zona
Sus organizadores apuntan a mantener un equilibrio entre entretenimiento y seguridad. El objetivo, dicen, es ofrecer un plan familiar que también funcione como espacio de competencia real. En un país con fuerte tradición automovilística, el lugar conserva intacto el atractivo para quienes viven el auto como parte de su identidad