Pilar Sordo sostiene que uno de los grandes desafíos de hoy es aprender a vivir con plenitud en un entorno que empuja a compararse, acelerarse y quedar siempre en deuda con algo
Para la psicóloga y escritora chilena, el bienestar no pasa por sumar logros sin pausa, sino por frenar a tiempo. “La paz no está en avanzar, sino en detenerse”, resumió
Vínculos que se construyen
Sordo también cuestiona la idea de que las relaciones verdaderas surgen solas. Según plantea, los lazos afectivos requieren tiempo, energía y trabajo consciente
En su mirada, un vínculo auténtico combina honestidad, compasión, humor y una base de confianza sostenida por la lealtad. A la vez, advierte que decir todo sin filtro puede hacer daño
Por eso insiste en que la sinceridad debe ir acompañada de prudencia y empatía, sin convertir la verdad en una forma de reproche o culpa hacia el otro
La presión de las pantallas
La especialista dedica parte de su análisis a la vida digital y a sus efectos sobre la identidad. Considera que las redes alimentan una imagen de perfección imposible y empujan a una comparación permanente que erosiona la autenticidad
También señala que los algoritmos reducen el campo de visión al mostrar solo aquello que confirma preferencias previas, mientras la estimulación constante del teléfono mantiene a las personas en un estado de insatisfacción
Silencio, lenguaje y hábitos
Como respuesta, propone incorporar momentos de silencio y observación diaria. Sugiere preguntarse varias veces al día cómo se está para detectar reacciones físicas y emocionales frente a distintas situaciones
Además, subraya que el diálogo interno influye de manera directa en la salud mental. “Mientras más positivo sea tu lenguaje o mejor te hables, mejor será tu salud mental”, afirmó
Entre sus recomendaciones también aparece una pauta concreta: evitar mirar el celular apenas al despertar y limitar su uso antes de dormir, para resguardar la mente del ruido externo
Una idea de felicidad
Para Sordo, la felicidad se parece más a un estado de calma que a una meta grandiosa. La define como una paz sin ruido mental, sostenida por gestos pequeños y por la capacidad de cumplir la propia palabra
En esa línea, sostiene que la actitud frente a lo que ocurre es decisiva y que la libertad humana se juega, sobre todo, en la manera de atravesar cada experiencia