Preguntar quién maneja mejor que el promedio suele provocar una respuesta previsible: casi todos creen estar por encima de la media. Esa confianza tiene respaldo en la psicología y forma parte de un fenómeno conocido como “efecto mejor que el promedio”
Una ilusión difícil de sostener
Uno de los estudios más citados sobre este sesgo se realizó en 1981 con estudiantes de Estados Unidos y Suecia. A los participantes se les pidió que compararan su habilidad y su seguridad al volante con las del resto del grupo. Los resultados mostraron una sobrevaloración extendida
Entre los estadounidenses, el 93% se ubicó por encima del promedio en habilidad y el 88% en seguridad. En el grupo sueco, las cifras fueron del 69% y el 77%. La paradoja es evidente: no puede haber tantos conductores por encima de la mediana dentro del mismo conjunto
Qué se evalúa cuando se evalúa manejar
La investigación no concluyó que todos fueran malos conductores. Lo que expuso fue una distorsión al juzgar el propio desempeño frente al de los demás
Conducir no depende de una sola variable. Para algunos importa la reacción; para otros, la prudencia, la experiencia, el estacionamiento o el conocimiento de las normas. Esa falta de una medida única facilita que cada persona destaque el rasgo en el que se siente más fuerte
El sesgo que protege la autoestima
También interviene la tendencia a valorarse de forma favorable cuando se trata de capacidades deseables. En el tránsito, además, cada conductor conoce los motivos de sus propios errores, pero solo ve el resultado de los ajenos
Una maniobra propia puede explicarse por el apuro o una distracción. La misma acción en otro puede leerse como incapacidad. Esa diferencia de mirada alimenta la convicción de manejar mejor que el resto
La autopercepción sigue intacta
Una reproducción posterior del experimento, realizada con más de mil participantes, volvió a encontrar el mismo patrón con distintas escalas de evaluación. La mayoría siguió considerándose más hábil y más segura que el conductor medio
Los estudios también muestran que muchas personas saben que otros no compartirían esa autoevaluación. Aun así, esa conciencia no alcanza para corregir el sesgo
La lección no es que nadie pueda manejar mejor que el promedio, sino que la mayoría no puede hacerlo al mismo tiempo. Y en ese pequeño desajuste entre percepción y realidad se explica una de las ilusiones más comunes al volante