Una premisa que sacude el género
El final de Oak Street ha vuelto a poner a los dinosaurios en el centro de la conversación cinematográfica. La película de David Robert Mitchell, protagonizada por Anne Hathaway y Ewan McGregor, llegó con una recaudación global de 47 millones de dólares y se presentó como una propuesta más violenta, más cómica y más emotiva que las fórmulas habituales del cine de criaturas prehistóricas
La historia sigue a una familia suburbana de 1982 cuyo vecindario es lanzado millones de años hacia el pasado. Desde esa idea, la película no solo construye espectáculo: también cuestiona la rutina narrativa que, con el tiempo, fue volviendo previsible a la saga Jurassic
Los dinosaurios vuelven a dar miedo
Uno de los mayores aciertos de la película es que recupera el terror. Los dinosaurios dejan de ser figuras domesticadas o meros elementos de fondo y vuelven a sentirse sucios, extraños y letales. Incluso los velociraptores aparecen con plumas, en una representación más cercana a lo que hoy se considera verosímil
Frente a eso, la evolución de la franquicia Jurassic tendió a suavizar el peligro. Con el paso de las entregas, muchas criaturas quedaron reducidas a una especie de amenaza controlada, mientras los personajes solo corrían para escapar. El final de Oak Street revierte ese enfoque y devuelve la sensación de peligro inmediato
Los protagonistas sí pelean por sobrevivir
Otro giro importante está en la reacción de los personajes. Aquí no se trata solo de huir: hay acción directa, defensa y violencia física. Hathaway encarna a una protagonista que dispara a un alosaurio con una escopeta y apuñala a otra criatura en medio del pánico, algo que rompe con la pasividad que suele dominar este tipo de relatos
La película también eleva el nivel de riesgo al arrasar casi por completo un barrio entero. Aunque muchas muertes ocurren fuera de campo, el relato no esquiva del todo la devastación y muestra después la carnicería en las calles. Incluso introduce la muerte gráfica de uno de los protagonistas delante de su familia, antes de revertir ese giro en una decisión que termina reforzando el impacto dramático
Humor negro, gore y emoción
Mitchell combina humor negro, gore y dramatismo con una soltura poco habitual en el género. Hay escenas de una serpiente descomunal que aparece sin aviso, dos dinosaurios copulando, una familia perseguida por un T. Rex y un accidente doméstico brutal cuando un adolescente se rompe una pierna al intentar saltar a un lugar seguro
Pero la película no se queda en la anécdota macabra. También incorpora una dimensión emocional más compleja, con un matrimonio atravesado por tensiones reales y una pausa íntima en la que la hija adolescente escucha Valerie, de Steve Winwood, en un momento inesperadamente sensible. Esa mezcla le da una identidad propia y la separa de la solemnidad que suele dominar al subgénero
Un cierre que abre otra película dentro de la película
En su tramo final, El final de Oak Street amplía todavía más su alcance y se permite un giro hacia lo fantástico y lo temporal. La película empieza como una historia de supervivencia y termina pareciendo algo más cercano a una anomalía de ciencia ficción, capaz de trastocar todo lo visto hasta entonces
Ahí reside buena parte de su fuerza: toma la herencia del cine de Spielberg, la reconoce y al mismo tiempo la desafía. El resultado es una película que recupera el asombro, el peligro y el descontrol que el género había ido perdiendo