El terreno puede bajar sin que casi nadie lo note, pero sus efectos terminan apareciendo en forma de grietas, calles deformadas, problemas de drenaje y daños en viviendas e infraestructura. Ese proceso se conoce como subsidencia: un hundimiento gradual del suelo que puede responder tanto a factores naturales como a actividades humanas

El fenómeno volvió a quedar en primer plano este año, cuando un mapeo satelital de Ciudad de México mostró que algunas zonas de la capital se hunden hasta 2 centímetros por mes. En ciudades con ese comportamiento, el impacto no se limita a la superficie: también se resienten túneles, puentes, redes de saneamiento y la capacidad de evacuar el agua de lluvia

Una crisis que avanza sin ruido

Entre las causas naturales aparecen fallas geológicas, subsidencia tectónica y la compactación de sedimentos en el subsuelo. Pero la principal presión suele venir de la actividad humana, sobre todo por la extracción intensiva de agua subterránea, petróleo y gas

En Ciudad de México, levantada sobre antiguos lagos, la demanda hídrica favoreció la extracción de acuíferos y con ello la compactación del terreno. En Asia, el problema también se vincula con el bombeo de agua subterránea y con el peso de las grandes estructuras urbanas en áreas muy densas

La Comisión Económica y Social de las Naciones Unidas para Asia y el Pacífico describe este proceso como una crisis silenciosa, porque avanza lentamente y suele pasar inadvertido hasta que sus consecuencias ya son severas. En la región, algunas de las ciudades más afectadas son Yakarta, con un hundimiento medio de 13,7 mm por año; Tianjin, con 13,5 mm por año; y Bangkok, con 8,5 mm por año

El vínculo con el aumento del mar

La subsidencia también agrava la subida relativa del nivel del mar. Un estudio publicado en Nature concluyó que el 71% de la población costera mundial vive en regiones que se están hundiendo y que, en esas zonas, el aumento relativo del mar puede duplicarse hasta cerca de 6 mm

Según esa investigación, la subsidencia explica aproximadamente la mitad del incremento relativo que hoy afrontan las poblaciones costeras. Los autores sostienen que una parte importante de ese impacto puede reducirse si se limita la extracción de agua subterránea

Casos extremos y daños visibles

La extracción de materiales del subsuelo también puede provocar hundimientos graves. En Maceió, Brasil, la explotación de sal gema asociada a Braskem dejó daños en Pinheiro, Mutange, Bebedouro, Bom Parto y parte de Farol, con evacuaciones masivas y unas 60.000 personas afectadas

En Nueva Orleans, Estados Unidos, el hundimiento responde a una combinación de suelos jóvenes y poco consolidados, compactación natural, extracción de agua y petróleo, y movimientos tectónicos profundos que influyen en parte del territorio incluso donde no hay explotación activa

Cómo golpea la vida diaria

La subsidencia diferencial puede volver inestables los edificios: puertas que ya no cierran bien, ventanas trabadas, pisos desnivelados y desagües que dejan de funcionar correctamente. Cuando el riesgo aumenta, los habitantes pueden verse obligados a abandonar sus viviendas, de manera temporal o permanente

También se afecta el drenaje urbano. A medida que el suelo baja, los canales naturales y artificiales pierden capacidad de conducción, lo que vuelve a las ciudades más vulnerables a las inundaciones y a la entrada de agua de mar. En algunos casos, la calidad del agua también cambia y puede volverse salina

Qué se puede hacer

La respuesta pasa por reglas urbanas y por una gestión más estricta del subsuelo. En zonas con arcillas blandas, por ejemplo, se recomienda limitar torres altas y exigir cimentaciones profundas que lleguen a estratos firmes

Otra clave es controlar la extracción de agua subterránea y aplicar el mismo criterio a la minería. Tokio redujo su subsidencia tras imponer regulaciones severas sobre sus acuíferos y reemplazar esa fuente por embalses superficiales

También existen soluciones para recargar los acuíferos, como la inyección de agua del río Yangtsé en Shanghái mediante antiguos pozos de bombeo. La recomendación es combinar esa medida con una baja sostenida en la extracción

En paralelo, ganan terreno las llamadas ciudades esponja, con pavimentos permeables, áreas verdes, jardines de lluvia y sistemas de drenaje modernizados. Ese enfoque ya se aplica en ciudades como Shenzhen, Chongqing y San Salvador

Desde la arquitectura y la ingeniería, la adaptación incluye monitoreo permanente de edificios, estructuras más flexibles y redes de agua y saneamiento capaces de acompañar pequeños movimientos del suelo sin romperse