El jet lag puede complicar unos días de descanso: además del cansancio, suele traer molestias digestivas, sueño desordenado y dificultad para concentrarse. Pero la alimentación también puede ayudar a atravesarlo mejor
Adaptar los horarios antes de viajar
Una de las recomendaciones es ir moviendo el horario de las comidas antes de subir al avión. La idea es acercar el reloj del cuerpo al del destino de manera gradual
La sugerencia es empezar con un cambio de 15 minutos, luego pasar a media hora y, finalmente, avanzar una hora. Así, la transición resulta menos brusca para el organismo
Comer liviano al llegar
Una vez en destino, conviene desayunar según la hora local y elegir una comida completa que ayude a estabilizar el cuerpo. Después, lo ideal es sostener horarios parejos para almorzar y cenar durante toda la estadía
También se aconseja reducir las porciones justo antes y después del viaje, sobre todo en personas con estómagos sensibles. Y evitar alimentos poco habituales, especialmente los muy grasos, puede prevenir malestares
Qué conviene beber
El agua es clave antes, durante y después del vuelo, ya que la cabina suele resecar mucho. Mantener una buena hidratación ayuda a compensar ese efecto
En cambio, el alcohol puede empeorar el cuadro porque altera el sueño y favorece la deshidratación. La cafeína, si se consume, debería reservarse para la mañana y evitarse por la tarde para no interferir con el descanso
Recuperar la rutina al volver
El jet lag también puede sentirse al regreso. Por eso, cuando el viaje se acerca al final, conviene retomar de a poco los horarios habituales para facilitar la adaptación
Cómo se manifiesta
El desfase horario es un trastorno del sueño asociado a los viajes entre distintas zonas horarias. Puede alterar el ciclo de sueño y vigilia, además de otros procesos del cuerpo
Sus síntomas más habituales incluyen somnolencia diurna, dolor de cabeza, insomnio, sueño inquieto, dificultad para concentrarse, juicio deteriorado y malestar estomacal o náuseas leves